La guinda del pastel
La reciente declaración del presidente Donald Trump, en la que califica un eventual colapso del gobierno cubano como "la guinda del pastel", no es un exabrupto retórico ni una frase lanzada al azar.
Estas palabras representan la confesión abierta de una política de Estado que trasciende administraciones: la obsesión por la desarticulación de cualquier proyecto político que ose ejercer su soberanía nacional fuera de la órbita estadounidense.
Lo que Donald Trump describe como un "postre" geopolítico es, en realidad, el resultado de una arquitectura de agresión sistemática que viola los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas.
El reconocimiento implícito de que Estados Unidos está "influyendo" en la desestabilización de Cuba es una admisión de culpa respecto a la violación del principio de no injerencia en los asuntos internos de otros Estados. La metáfora del "pastel" es perversa.
El sufrimiento millones de personas en una isla del Caribe es un ingrediente en una receta de poder. El gobierno estadounidense ha perfeccionado un sistema de medidas coercitivas unilaterales que buscan asfixiar la economía cubana para provocar el descontento social. No es un colapso natural; es un colapso inducido.
La admisión de contactos con el gobierno cubano, lejos de ser un gesto diplomático, suele operar como una herramienta de presión o para identificar fisuras internas y con la aplicación de la Ley Helms-Burton no solo afecta a la isla, sino que castiga a terceros países, vulnerando la soberanía global.
Cuando el mandatario afirma que el derrocamiento de las autoridades cubanas ha sido una meta durante décadas, está validando la vigencia de la Doctrina Monroe. Para el imperio estadounidense, el Caribe no es un espacio de naciones soberanas, sino su "patio trasero" donde los gobiernos deben ser tutelados. La "guinda del pastel" de Trump es una afrenta a la autodeterminación.
Si el sistema internacional permite que una potencia declare abiertamente su intención de derrocar a un gobierno vecino mediante la asfixia económica, el concepto de Soberanía Nacional queda reducido a una ficción jurídica.
El artículo 2.4 de la Carta de la ONU prohíbe el uso de la fuerza o la amenaza contra la integridad territorial. Si bien las declaraciones de Trump se presentan como opiniones en una entrevista, enmarcan la praxis de una administración que utiliza el hambre y la carencia de suministros médicos como herramientas de cambio de régimen.
La verdadera "guinda del pastel" para el mundo multipolar que emerge no debería ser la caída de un gobierno soberano, sino el fin definitivo de la hegemonía que se cree dueña de los destinos ajenos. Cuba no es un pastel; es una nación.
