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El espejo roto del Libertador: Ontología del sometimiento, colapso bolivariano y el nuevo imperialismo extractivista de Trump sobre Venezuela

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04.06.2026

"La historia de toda sociedad hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases — y también de la geografía de sus recursos."

RESUMEN / ABSTRACT

El presente ensayo constituye un análisis filosófico, histórico y político de largo aliento sobre el proceso de sometimiento del Estado venezolano al poder imperial de la administración Trump, consumado de forma dramática con la operación militar estadounidense del 3 de enero de 2026 que culminó con el secuestro y extradición del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores (diputada y primera Combatiente “Dama” de la república). Sobre las bases del Realismo Crítico Estratificado de Roy Bhaskar y Margaret Archer, la Filosofía de la Complejidad de Edgar Morin e Ilya Prigogine, el Nuevo Materialismo de Jane Bennett y Manuel DeLanda, y la Filosofía Post-positivista de la Ciencia en el Antropoceno, el autor construye un marco interpretativo original —denominado aquí Ontología del Colapso Soberano— para comprender las causas estructurales, las consecuencias sistémicas y los horizontes posibles de la Venezuela post-bolivariana.
El ensayo examina cómo la abundancia extrema de recursos naturales (las mayores reservas de petróleo del mundo, vastas riquezas mineras, biodiversidad estratégica) se convirtió, paradójicamente, en el vector principal de vulnerabilidad geopolítica y en el catalizador de la destrucción del proyecto emancipador de Hugo Chávez. Se argumenta que la denominada Revolución Bolivariana no fue derrotada exclusivamente por la presión exterior: fue corrompida desde adentro por sus propias contradicciones ontológicas, y esa corrupción interna fue el territorio que el imperialismo extractivista de Trump necesitaba para avanzar.
La novedad filosófica que se propone en este trabajo —la Ontología del Colapso Soberano— integra las tres dimensiones bhaskarianas de lo real (lo real profundo, lo actual y lo empírico) con la teoría de los sistemas disipativos de Prigogine, para postular que los Estados periféricos con altísima densidad de recursos naturales poseen una particular inestabilidad ontológica que los convierte en sistemas alejados del equilibrio, susceptibles de bifurcaciones catastróficas cuando las élites internas abandonan la función de resistencia sistémica frente a las estructuras de poder global.


I. INTRODUCCIÓN: EL DÍA QUE EL MAPA SE DOBLÓ

Hay fechas que no son simples puntos en el calendario. Son fracturas en la corteza de lo posible. El 3 de enero de 2026, mientras Caracas dormía bajo un cielo cargado de humedad tropical, 150 aeronaves militares estadounidenses irrumpieron en el espacio soberano de la República Bolivariana de Venezuela. Al amanecer, el presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores eran transportados, esposados y bajo custodia del Pentágono, hacia una prisión federal en el distrito de Brooklyn, Nueva York. Donald Trump lo anunció en sus redes sociales con la brevedad de quien caza una presa: Venezuela había caído.
Esa noche no cayó solamente un gobierno. Cayó también —o al menos fue herida de muerte— la más ambiciosa experiencia de transformación social, política y económica que América Latina había visto en su historia reciente: la Revolución Bolivariana, iniciada por Hugo Rafael Chávez Frías en 1999 con la promesa de refundar Venezuela desde sus cimientos, de devolverle al pueblo su petróleo, su dignidad y su destino. Cayó, o fue gravemente comprometido, el sueño de una segunda independencia.
¿Cómo llegamos aquí? ¿Qué fuerzas estructurales, qué decisiones estratégicas, qué traiciones internas y qué agresiones externas confluyeron para producir este resultado? ¿Fue el sometimiento de Venezuela al control imperial de Trump el resultado inevitable de la historia, o fue la consecuencia contingente de una serie de errores, corrupciones y debilidades que pudieron haberse evitado? Y, sobre todo: ¿qué significa este colapso para el futuro del pueblo venezolano, para las posibilidades de la soberanía latinoamericana, para el proyecto de un mundo multipolar, y para la humanidad toda en el siglo XXI?
Estas son las preguntas que este ensayo se propone responder. No desde la frialdad aséptica del analista que observa desde lejos, sino desde el compromiso intelectual y político de quien comprende que la filosofía, para merecer ese nombre, debe ser capaz de pensar lo que duele, de nombrar lo que el poder prefiere mantener innombrado, y de construir categorías que alumbren el camino hacia adelante.
Para ello, este trabajo moviliza las corrientes filosóficas más poderosas y actuales del pensamiento mundial: el Realismo Crítico Estratificado, la Filosofía de la Complejidad, el Nuevo Materialismo, la Filosofía Post-positivista de la Ciencia. Y sobre ellas construye una propuesta filosófica original: la Ontología del Colapso Soberano, un marco conceptual diseñado específicamente para comprender las particularidades del caso venezolano dentro del contexto geopolítico global del siglo XXI.

II. MARCO TEÓRICO: LAS HERRAMIENTAS DEL PENSAMIENTO

2.1. El Realismo Crítico Estratificado como columna vertebral

El punto de partida filosófico de este ensayo es el Realismo Crítico desarrollado por el filósofo británico Roy Bhaskar a partir de su obra fundacional A Realist Theory of Science (1975) y expandido en The Possibility of Naturalism (1979). Esta corriente, refinada posteriormente por Margaret Archer, Tony Lawson y Alex Callinicos, ofrece la arquitectura ontológica más sofisticada disponible para el análisis de fenómenos sociales complejos.
El Realismo Crítico postula que la realidad no es una superficie plana de eventos empíricamente observables, sino una estructura profundamente estratificada en tres dominios ontológicos irreductibles entre sí. El dominio de lo real profundo, donde residen los mecanismos causales y las estructuras que existen independientemente de si son o no activadas, o si son o no observadas. El dominio de lo actual, donde esos mecanismos, cuando se activan bajo condiciones específicas, producen eventos. Y el dominio de lo empírico, que comprende únicamente aquella fracción de eventos que son experimentados o registrados por algún observador.
Para el análisis político de Venezuela, esta arquitectura triestratificada es de una potencia explicativa extraordinaria. El positivismo vulgar, con su obsesión por lo cuantificable y lo observable, solo puede ver la superficie: las cifras del PIB, los barriles de petróleo producidos, el número de votos en cada elección, las declaraciones de Trump o de Maduro. Pero la realidad venezolana, como cualquier realidad social compleja, existe fundamentalmente en el dominio de lo real profundo: en las estructuras de dependencia histórica, en los mecanismos de la maldición de los recursos naturales, en las relaciones de poder geopolítico que atraviesan el sistema internacional, en las contradicciones internas del proyecto bolivariano que nunca fueron resueltas.
La originalidad y la pertinencia de Bhaskar radica en su propuesta de que la ciencia social, y la práctica política emancipadora que de ella se desprende, debe consistir precisamente en revelar esas estructuras profundas, esos mecanismos causales que el positivismo no puede ver y que el posmodernismo disuelve en discurso. El Realismo Crítico es, en su esencia, una filosofía de la profundidad: nos dice que debajo de lo que vemos siempre hay más, y que ese más importa decisivamente.
En el plano metodológico, el Realismo Crítico propone el método de la retroducción: a partir de los eventos observados, construir hipótesis sobre los mecanismos causales y las estructuras que los producen, para luego verificar si esas hipótesis son coherentes con el conjunto de la evidencia disponible. No se trata de inferir leyes universales a partir de correlaciones estadísticas, como haría el positivismo, sino de comprender el funcionamiento causal de estructuras específicas en contextos específicos. Venezuela es precisamente ese contexto: único, histórico, irreductible a cualquier generalización apresurada.

2.2. La Filosofía de la Complejidad: cuando el todo es más que la suma de sus partes

El segundo pilar del marco teórico de este ensayo es la Filosofía de la Complejidad, cuyas principales figuras son Edgar Morin, Ilya Prigogine e Isabel Stengers. Esta tradición comparte con el Realismo Crítico el rechazo al reduccionismo y al determinismo, pero añade una dimensión que aquél no desarrolla plenamente: la comprensión de los sistemas sociales como sistemas abiertos, alejados del equilibrio, capaces de auto-organización pero también de colapso catastrófico.
La contribución decisiva de Prigogine, Premio Nobel de Química 1977, pero cuya obra tiene implicaciones filosóficas de largo alcance, es la teoría de las estructuras disipativas. Un sistema disipativo es aquel que, para mantenerse organizado, necesita importar energía y materia del entorno, procesarla, y exportar entropía. En condiciones normales, estos sistemas son estables. Pero cuando las condiciones del entorno cambian drásticamente, cuando la presión externa excede ciertos umbrales, el sistema puede llegar a un punto de bifurcación: un punto donde la trayectoria futura del sistema se vuelve impredecible y puede ramificarse en direcciones radicalmente distintas.
Aplicado al análisis político, este marco tiene consecuencias poderosas. El Estado venezolano, desde la era chavista, funcionó como un sistema disipativo dependiente de un insumo energético específico: la renta petrolera. Mientras el precio del petróleo fue alto y la producción robusta, el sistema pudo mantener su organización interna y financiar las políticas sociales que le daban legitimidad. Cuando ambas variables colapsaron simultáneamente, la caída de precios desde 2014 y el hundimiento de la producción a partir de 2017, el sistema venezolano entró en una zona de bifurcación extrema. Y en esas zonas de bifurcación, pequeñas perturbaciones pueden producir enormes consecuencias: la presión militar estadounidense de 2025, combinada con el aislamiento diplomático y la incapacidad gubernamental para adaptarse, fue la perturbación que empujó al sistema venezolano hacia el colapso soberano.
Edgar Morin, por su parte, aporta la noción de pensamiento complejo: la necesidad de pensar las contradicciones, las recursividades y las emergencias sin reducirlas a esquemas binarios simples. La Venezuela bolivariana no fue simplemente revolucionaria o corrupta, soberana o dependiente, exitosa o fracasada: fue todas estas cosas a la vez, en proporciones que variaron a lo largo del tiempo y que se determinaron mutuamente en bucles de retroalimentación que ningún análisis lineal puede capturar.

2.3. El Nuevo Materialismo: la agencia de la materia y la geografía del poder

El tercer componente del marco teórico es el Nuevo Materialismo, corriente filosófica desarrollada principalmente por Jane Bennett (Vibrant Matter, 2010), Manuel DeLanda (A New Philosophy of Society, 2006) y Karen Barad (Meeting the Universe Halfway, 2007). Esta corriente desafía el antropocentrismo dominante en las ciencias sociales y propone que los actores no humanos, la materia, la tecnología, los ecosistemas, los flujos de energía, tienen agencia causal propia y no pueden ser reducidos a simples instrumentos de la acción humana.
Para el caso venezolano, este marco es revelador. El petróleo no es simplemente un recurso que los seres humanos usan o no usan según sus decisiones políticas. El petróleo venezolano, especialmente el crudo extrapesado de la Faja del Orinoco, el más voluminoso del mundo en reservas probadas, posee propiedades físicas, químicas y geopolíticas que ejercen una forma propia de agencia sobre las sociedades, los Estados y los sistemas de poder internacional. La densidad viscosa del crudo del Orinoco requiere tecnologías específicas de extracción y refinación que solo ciertas corporaciones poseen. El volumen colosal de las reservas convierte a Venezuela en un actor geopolítico cuyo peso es desproporcionado respecto a su tamaño demográfico y militar. El coltán, el oro, la bauxita del Arco Minero del Orinoco tienen propiedades físicas únicas que los hacen indispensables para la fabricación de microprocesadores, baterías de litio, aleaciones aeroespaciales: son materiales del siglo XXI, y su presencia en el subsuelo venezolano es un hecho ontológico que trasciende cualquier decisión política.
Esta agencia de la materia, su capacidad de estructurar relaciones de poder, de atraer codicias imperiales, de generar dinámicas que ningún actor individual controla completamente, es una dimensión que el análisis puramente político tiende a subvalorar, con consecuencias analíticas desastrosas. La Doctrina Monroe renacida de Trump no es solo una decisión ideológica: es la respuesta de una potencia imperial en declive relativo que necesita asegurar el acceso a los recursos materiales del futuro para mantener su hegemonía tecnológica y militar en un mundo que se está reconfigurando aceleradamente.

2.4. La Filosofía Post-positivista de la Ciencia: pluralismo epistémico y responsabilidad social

El cuarto componente es la Filosofía Post-positivista de la Ciencia, que, en su estado más reciente, documentado en el panorama de 2025, ha superado las viejas dicotomías entre realismo e irrealismo, entre objetividad y subjetividad, para construir marcos más integradores que reconocen el pluralismo epistémico, el papel constitutivo de los valores en la producción del conocimiento científico, y el entrelazamiento indisoluble entre el saber científico y los desafíos sociales del Antropoceno.
Esta filosofía nos proporciona herramientas críticas para analizar el discurso que justifica la intervención en Venezuela. El imperialismo del siglo XXI no opera únicamente con portaaviones y sanciones económicas: opera también con marcos epistémicos, con la producción de narrativas que presentan la dominación como liberación, la apropiación de recursos como inversión, la destrucción de la soberanía como democratización. La filosofía post-positivista nos enseña a deconstruir esas narrativas, a identificar los valores e intereses que las atraviesan, a recuperar las voces y los conocimientos situados de quienes son afectados por las decisiones que otros toman sobre sus recursos y sus vidas.
Aquí entran también en juego las matemáticas de la complejidad como lenguaje filosófico: la teoría de juegos para modelar las interacciones estratégicas entre Venezuela y Estados Unidos, la teoría de grafos para cartografiar las redes de poder económico que se apropian del subsuelo venezolano, la teoría de la información para comprender cómo fluyen y se distorsionan los datos sobre la realidad venezolana en los medios globales, la estadística bayesiana para estimar bajo incertidumbre el impacto a largo plazo de las decisiones actuales sobre el futuro del país.

III. LA ONTOLOGÍA DEL COLAPSO SOBERANO: UNA PROPUESTA FILOSÓFICA ORIGINAL

3.1. Definición y fundamentos

El concepto central que este ensayo propone, y que constituye su principal aportación filosófica original, es el de Ontología del Colapso Soberano (OCS). Esta categoría se construye sobre la intersección de los cuatro marcos teóricos descritos en la sección anterior, y busca capturar de manera precisa la dinámica específica mediante la cual un Estado periférico con alta densidad de recursos estratégicos pierde su soberanía efectiva como resultado de una combinación particular de factores estructurales internos y externos.
La OCS postula que la soberanía estatal no es un atributo binario, se tiene o no se tiene, sino un fenómeno ontológicamente estratificado que puede ser analizado en tres dimensiones simultáneas. La dimensión formal o jurídica, que corresponde al reconocimiento internacional del Estado como ente soberano, su membresía en organismos internacionales, sus derechos legales sobre su territorio y sus recursos. La dimensión sustantiva o material, que corresponde a la capacidad real del Estado de tomar decisiones sobre sus recursos, su política económica, sus alianzas internacionales y su desarrollo social, sin sometimiento a poderes externos. Y la dimensión performativa o simbólica, que corresponde a la capacidad del Estado de construir y proyectar un relato de soberanía que genere adhesión interna y legitimidad internacional.
El Colapso Soberano ocurre cuando estas tres dimensiones se disocian progresivamente hasta el punto de ruptura. Venezuela en........

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