El espíritu de la época. Aristófanes en Venezuela: de Las Avispas a Las Aves, de Lisístrata a La Paz (I)
Toda época cree ser única. Todo gobierno cree inaugurar la historia. Toda revolución se proclama irrepetible. Sin embargo, la experiencia humana posee una extraña costumbre: repetir sus viejas pasiones con nuevos uniformes. Los griegos lo sabían. Mucho antes de que existieran los partidos modernos, las redes sociales, las campañas electorales televisadas o las revoluciones petroleras, un comediógrafo ateniense llamado Aristófanes observaba a sus contemporáneos y descubría algo inquietante: los hombres cambian de nombres, de vestimentas y de banderas, pero las estructuras profundas del poder suelen repetirse.
Por eso sus obras continúan vivas. Las Avispas, Las Aves, Lisístrata y La Paz no son simplemente comedias antiguas. Son radiografías permanentes de la condición política humana. Son espejos que permiten observar cómo funcionan la burocracia, la propaganda, la justicia politizada, las utopías imposibles, las guerras interminables y el cansancio de los pueblos. Vistas desde Venezuela, especialmente entre 1992 y los primeros decenios del siglo XXI, estas obras parecen escritas para describir muchas de las tensiones que marcaron la historia nacional. No porque Aristófanes conociera a Chávez o a Maduro, o a cualquier opositor. Sino porque conocía demasiado bien a los hombres.
Las Avispas: cuando la justicia deja de ser justicia
En Las avispas, Aristófanes presenta a Filocleón, un anciano obsesionado con participar como jurado. Está convencido de que posee un inmenso poder. Cree que controla el destino de los ciudadanos. Se siente indispensable. Sin embargo, la sátira revela una paradoja. Mientras el anciano imagina que domina el sistema, en realidad es el sistema quien lo domina a él. Su pasión por juzgar termina convirtiéndolo en una pieza de una maquinaria más grande. Esa imagen resulta extraordinariamente actual.
Toda revolución que se prolonga en el tiempo desarrolla una burocracia judicial destinada a preservar el orden político existente. Los tribunales dejan de ser simples árbitros y se convierten en actores de la disputa. La ley comienza a hablar el lenguaje de la política. La justicia deja de aparecer como una institución imparcial y pasa a ser percibida como una herramienta estratégica. Durante décadas, Venezuela vivió una creciente politización de casi todas las instituciones........
