El estado 51 de la Unión y el patriotismo beisbolero
"Trump dice que "le están pasando cosas buenas a Venezuela" y bromea con que podría ser el estado 51 de EE.UU." CNN
A pesar del desprestigio a la figura de Chávez y al proyecto socialista, que significó tener a Maduro y sus asociados 13 años en el gobierno, hoy, como nunca, sigo creyendo en Chávez el líder, y en el socialismo como la salida a la crisis existencial de la humanidad. La emergencia de Donald Trump en la política es la señal de su decadencia final bajo el imperio del capital. Nuestro deber es prestigiar de nuevo el proyecto socialista, ¡intentar salvar la humanidad !, rescatar la memoria de Chávez y de sus verdaderos herederos; separar la mentira de la verdad; a Maduro de Chávez, al madurismo del chavismo comprometido con el proyecto socialista, separar la farsa y los farsantes del comandante de una verdadera revolución y de la revolución socialista.
Socialismo es justicia, igualdad social, amor y solidaridad, responsabilidad, búsqueda de la perfección; Maduro y sus secuaces usan esas ideas sólo como carnada para pescar votos y simpatías dentro de la masa desprevenida, para permanecer en el gobierno por intereses personales, renunciando a todo compromiso con esos ideales. En otras palabras, el madurismo, desde la muerte de Chávez, ha prometido hacer la revolución con las armas y el espíritu mezquino del capitalismo, por cansancio espiritual, asociándose con el enemigo, con el mismo diablo, por flojera moral.
Pero, los peores enemigos del socialismo y de Chávez son los valores naturales de la sociedad capitalista, los originales, esa clase media, pobre o alta, con mentalidad de aspirante, que nunca está dispuesta a hacer sacrificios por otros, y jamás por la sociedad. El verdadero enemigo del proyecto socialista es la mentalidad pequeñoburguesa (egoísta y aspirante) "con la vista siempre hacia lo alto", el sueño burgués encarnado en el hombre y la mujer del capitalismo, ¡haciéndose pasar por socialistas!
Ayer, en un autobusete de Chacao-Altamira presencié una secuencia larguísima de insultos de una señora decente propinados a los comunistas (a los que ella cree que son comunistas), sin embargo dirigidos a los chavistas y, ni qué decir, a Maduro. Perturbada decía disparates como que a los 12 años había leído a Marx, Lenin y Stalin, y todos eran asesinos y criminales. El odio le nublaba la razón. Era delgada y seca, vestida decentemente, una señora de clase media que parecía inofensiva… -¡increíble cómo las frustraciones de la clase media aspirante pueden generar tanto odio en sus individuos!, me preguntaba en silencio cómo podía caber tanto odio en ese cuerpito verdaderamente frágil, escuálido-
No obstante, luego del asesinato del comandante Chávez, ese sentimiento ridículo de "superación", es decir, de superar las carencias económicas de forma individual, de subir por la escala social para ver por encima del hombro a los vecinos fracasar, acabó con la revolución chavista, no fue otra cosa; la carencia en los herederos del gobierno, no solo de una ideológía, sino de una "conciencia de clase" , revolucionarias. A la revolución se la tragó un impulso banal, un complejo de inferioridad, un resentimiento en los líderes que la traicionaron, y que traicionaron a Chávez, hacia la revolución y hacia el comandante Chávez. Abandonaron al hombre y su proyecto y se quedaron con sus consignas vaciadas de prácticas políticas y de vida revolucionarias, manipulando sus alocuciones y videos para capturar votos. Verdaderamente que la acción del gobierno madurista ha sido un cometido miserable.
A la muerte de Chávez lo duro estaba por hacerse: vencer la lógica del capital "paso a paso y sin aminorar el ritmo", pero los flojitos, Maduro y compañeros de aventura, se cansaron y cedieron su responsabilidad a los capitalistas, despilfarrando lo heredado financiando al capitalismo nacional.
Después de tantas felonías, mentiras, deserciones, hoy la migración escuálida apuesta por incorporar a Venezuela como el estado 51 de la unión norteamericana, viendo y aprovechando a cómo Delcy es obediente a las órdenes y demandas del gobierno gringo, que Donald Trump habla y decide por ella mientras sonríe y entrega el país, mientras celebra el triunfo de Venezuela... con verdadero patriotismo beisbolero.
