Samana Santa en el Caserío El Hato
Recordamos vivamente las estrictas conmemoraciones de la Semana Santa o la Semana Mayor en nuestro caserio natal El Hato de Baragua o de Mamoncito, municipio Urdaneta, estado Lara; sobre todo hacia finales de 1960 y toda la década de 1970, cuando ya éramos niños grandes y adolescentes, pues en lo personal nacimooctubre de 1961 Este núcleo rural en la época indicada desarrollaba una actividad económica, social y cultural bastante dinámica, donde la dimensión religiosa cristiana católica resaltaba, con un componente adicional: una especie visión mítica o mágica religiosa de la vida, herencia aborigen nativo y el africano, con su economía precapitalista manifestada en el pastoreo de ganado caprino, las cosechas de gramos y tubérculos en los conucos, comercio de recuas por caminos reales internos, por lo que era común el uso de bestias como burros, mulas y caballos. Pues, todo eso entraba en reposo y se pasaba al modo piadoso, un estado de quietud de gran rigor obseevante, y fuerte control social informal, eran normas de convivencia solidaria que todos acataban, las familias tomaban sus previsiones con el fin de reducir al mínimo la actividad productiva normal; se llenaban de agua los recipientes , se amontonaba la leña para la semana, no se sacrificaban animales ni se salía de caza, porque era pecado. Por eso para esa época de la sexta y séptima década del siglo XX cuando no habían hecho la carretera, el transporte era de sangre, Pero no en los Días Grandes. Particularmente eran muy valorados el burro y la mula, bestias de carga para toda actividad económica productiva, propias del modelo agricola y pecuaria. sin embargo, en Semana Santa no se debían usar, ni mucho menos montar acabado. Algunas familias tenían caballos, sobretodo en otros caseríos del colendante estado Falcón, haciendas Consejo, El Ralo o de la haciendas de El Reloj, de climas más húmedos y frescos, en la cordillera en cuyos porteros se podían avistar venados, zorros y otros muchos animales. Una práctica religiosa común era la observación de las normas tradicionales del cristianismo católico, a lo que al parecer se unió la relación sagrada del aborigen y campesino con la naturaleza y esta se la concibe animada, con vida propia y como parte del Cuerpo de Cristo, de allí en Semana Santa no se debía cortar árboles ni para la leña de los fogones ya era herir a Nuestro Señor. Lo que sí cabia hacer era jugar trompos y metras, así como consumir mazamorra de maíz con melao, también las familias hacían dulce de lechoza, jugar barajas, entre otras cosas. Hoy, lo que más llama la atención es el espíritu religioso que predominaba, luego ya en la década de 1980 se pasó a una especie de modernidad y se fueron olvidando esas viejas tradicionales. Aunque la última vez que fuimos a mi caserío El Hato en 2017 nos ofrecieron de esa rica mazamorra, estaba presente la prima Francisca y Pablo Saavedra, Edilio Rivero, que en paz descansen,vl así como compartimos con otros primos jóvenes que aún permacen en esos territorios, y recrean la vida permanentemente.
