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Mea culpa fallido de Delcy Rodríguez

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10.04.2026

El pasado 8 de abril, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, se dirigió a la nación con la premisa de hacer una serie de anuncios fundamentales para la ciudadanía.

Debo reconocer que había expectativas altas ante el mensaje. Por una parte, circulaba el rumor de que se informaría sobre un eventual cronograma para la realización de elecciones, además de explicar una serie de iniciativas destinadas a mejorar las condiciones económicas de la nación.

La verdad es que la alocución de la Sra. Rodríguez, más allá de un empaque muy bien producido -se nota la participación de Miguel Ángel Pérez Pirela-, fue absolutamente vacía, con una importancia nacional prácticamente nula y cuyo principal objetivo, es decir, dar esperanzas al mancillado pueblo trabajador para intentar apaciguar la marcha convocada para el 9 de abril, fue un rotundo fracaso. De hecho, la acción de protesta se llevó a cabo, demostrando que los trabajadores venezolanos se mantienen en pie de lucha ante la neoesclavitud implantada por una dictadura reaccionaria y antiobrera, además de dejar al descubierto, nuevamente, la naturaleza represiva del madurismo y de su "nueva" mutación: el rodrigato.

Pero, regresando al mensaje de la astuta Delcy, lo que se apreció fue un tono sosegado, intentando deslindarse de la visceralidad y el estilo estruendoso tanto de Hugo Chávez -todo un maestro en la teatralidad y la oratoria- como de Nicolás Maduro -mediocre orador y pésimo imitador del caudillo de Sabaneta-.

Delcy se limitó a realizar una especie de mea culpa fallido, indicando que no podían seguir cometiendo los mismos errores del pasado -¿del gobierno de Maduro o de Chávez?- en cuanto a incrementar salarios sin un soporte productivo, ya que eso provocaría inflación debido a la impresión de dinero inorgánico. "Los reconocemos, los corregimos y pido no repetirlos", señaló Rodríguez en relación con esos errores.

La mandataria venezolana, designada por Donald Trump tras la acción militar estadounidense del 3 de enero pasado, demostró que está más cerca de las políticas libertarias de Javier Milei que de las clásicas fórmulas de subsidios y control de precios, que han sido aplicadas, a trocha y mocha, por la llamada "revolución".

La actual encargada del poder ejecutivo reconoció la existencia de salarios de hambre, aunque sin nombrar responsables claros por la debacle económica, ni hacer mención a la devastadora corrupción, la fuga de capitales, las expropiaciones de empresas productivas con su consiguiente quiebra o la entrega de recursos naturales y financieros -a cambio de nada- a supuestos aliados internacionales.

Hay que reconocer que la representante de Washington en Miraflores tuvo el valor de reconocer ante el país una cifra terrorífica, relacionada con la hiperinflación que sufrió el país. Rodríguez dijo que la inflación llegó a superar 300 mil por ciento, pulverizando la capacidad adquisitiva, los ahorros y la calidad de vida de las mayorías.

Sin embargo, en un ejercicio de magia numérica la delegada de la Casa Blanca aseguró que ¡se ha ido recuperando la remuneración de los trabajadores!, eso sí, sin hablar de salario mínimo sino de "ingreso mínimo", el cual, según Rodríguez ha ido desde los 30 dólares en 2021 hasta los 190 dólares en la actualidad (lo que es un ingreso de hambre, indigno y vergonzoso). La pregunta que nos hacemos es ¿cómo se puede hablar de recuperación del ingreso de los trabajadores ante la inexistencia de un sueldo digno cuando, en su lugar, se han aplicado bonos sin incidencia en los pasivos laborales y que, además, no alcanzan para nada?

Rodríguez no escatimó a la hora de indicar números de espanto en materia económica. Como parte del tímido mea culpa señaló la caída del PIB, que en 2012 rondaba los 100 mil millones de dólares y que, en 2025 superó, apenas, los 35 mil millones de dólares. Desde luego, todo este descalabro se le adjudicó al cacareado comodín del "bloqueo económico", sin asumir el hecho cierto e irrefutable de la puesta en práctica de políticas destinadas a la destrucción del aparato productivo nacional y del saqueo inmisericorde del tesoro público.

La nueva contratista del águila imperial -sección Venezuela- bosquejó algunas líneas privatizadoras, acordes con los lineamientos del liberalismo económico, tan repudiado hasta finales de 2025 por la élite roja rojita. Aunque, supuestamente, dejando por fuera a la industria de los hidrocarburos de las ambiciones del capital privado, lo cual no creo que sea cierto, pues tanto Trump como los poderes fácticos de los Estados Unidos, ya dejaron claro que pondrán sus garras en nuestro petróleo y en otras riquezas que yacen en el subsuelo patrio.

En la calculada perorata de la presidenta (e) se habló de un supuesto incremento salarial para el próximo 1 de mayo. Sin embargo, no se indicó monto, origen de los fondos, alcance, ni si tendrá repercusiones en los beneficios laborales. En otras palabras, este señalamiento buscaba servir como placebo para calmar el malestar que afecta a la masa trabajadora venezolana la cual se ha convertido, gracias a un feudalismo extremo escondido en un discurso "progre", en esclavos sin los derechos más elementales.

La alocución de Rodríguez fue vacía, sin alma, ideológicamente neutra o, como decimos coloquialmente los venezolanos: "ni chicha, ni limonada". Se dijeron varias cosas, sin realmente decir nada; se reconocieron errores, sin mencionar responsabilidades reales; se habló de un gobierno que protegía a los desposeídos, aunque a la vez se reconoció la mayor migración forzosa de América Latina en décadas; se habló de bloqueo, pero no se dijo que ahora se acatan, religiosamente, las órdenes del país responsable de ese bloqueo.

Delcy también agradeció al presidente de la Asamblea Nacional, su hermano Jorge Rodríguez, por la velocidad con la cual el Parlamento ha aprobado documentos jurídicos clave para los intereses de Washington, como la nueva Ley de Hidrocarburos o la reforma de la Ley de Minería. De esta forma, quedó bastante clara la alianza de los Rodríguez con los Estados Unidos, como una especie de "hermanos Lannister criollos" dispuestos a todo para mantener el poder y quedar bien con Dios y con el Diablo.

En resumen, el mensaje de Delcy Rodríguez dejó más preguntas que respuestas. La incertidumbre fue la clave de una alocución que solo comprobó que el rodrigato no tiene intención alguna de mejorar las condiciones de vida de los venezolanos y que, únicamente, responderá a los intereses de sí mismos, de los suyos y, por supuesto, de sus jefes imperiales.


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