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De Kobe a La Guaira: Rediseñar la ciudad con la gente

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03.08.2026

"Construimos para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos no tengan que reconstruir." — Frase recurrente en los murales de Nagata.

Al parecer, este artículo va a encontrar en usted un interés genuino. Sin embargo, dada su extensión, me permito pedirle —con la confianza de quien sabe que el tema lo merece— un poco de paciencia. Léalo hasta el final. Le aseguro que las últimas páginas son las que le van a doler, y las que más le van a servir.

La experiencia de la ciudad de Kobe ante el desastre, en la milenaria Japón, debería ser, entre otros, el modelo a aplicar en La Guaira, guardando las distancias geo culturales. Este artículo, estrechamente vinculado a la propuesta que hemos venido trabajando —La Guaira por una ciudad resiliente, sustentable e inteligente—, recoge un ambicioso plan bautizado como el Plan de las Seis Patas para La Guaira, que toma como referencia no solo la experiencia japonesa de Kobe, sino también las iniciativas ejecutadas en Colombia —la ciudad de Medellín y el proyecto de Manizales—, la urbe verde de Singapur, la ciudad ecológica de Oslo y por supuesto, no podría faltar Curitiba en el vecino, pero lejano Brasil, en su apuesta por consolidarse como una urbe carbono-cero, entre otros modelos que hemos venido revisando.

En ese contexto, y como una primera aproximación, las páginas que siguen ilustran lo que la ciudad de Kobe y sus habitantes comenzaron a ejecutar: una experiencia exitosa que los responsables de las políticas públicas en La Guaira deberían tomar en cuenta.

A las cinco y cuarenta y seis minutos de la mañana del 17 de enero de 1995, un terremoto de magnitud 6,9 redujo a escombros la ciudad japonesa de Kobe. Murieron seis mil cuatrocientas treinta y cuatro personas. Trescientos dieciséis mil quedaron damnificadas. La autopista Hanshin se desplomó sobre los barrios. El puerto —uno de los más importantes de Asia— ardió durante dos días. Hubo quienes, aquella madrugada, escribieron que Kobe tardaría medio siglo en volver a ser ciudad.

Treinta y un años después, Kobe no solo volvió a ser ciudad. Se convirtió en la referencia mundial de cómo un gobierno y una sociedad pueden convertir un desastre en una obra civilizatoria. Y lo hizo con un método que hoy, mientras La Guaira busca su propio camino tras el doblete sísmico del 24 de junio de 2026, merece la atención de quienes tienen en sus manos la responsabilidad de planificar la reconstrucción.

El primer error que los planificadores de Kobe evitaron fue el de las metas cortoplacistas. La prefectura de Hogos no anunció una "reconstrucción de tres años", ni siquiera una de cinco. Estableció un horizonte de diez años para la reconstrucción física —que formalmente se cerró en 2005— y otro de veinte a treinta para la revitalización urbana, la recuperación demográfica y la transformación económica. Treinta años después, ambos procesos siguen abiertos, porque la dirección correcta de un proyecto nacional no se mide en períodos gubernamentales: se mide en generaciones.

El segundo acierto fue la jerarquía del conocimiento. Kobe no les entregó la reconstrucción a las constructoras, ni a la banca, ni a un comité de notables. Se la entregó a las comunidades de barrio, a las universidades públicas y a los cuerpos técnicos municipales, con un método centenariamente japonés llamado machizukuri "construcción del pueblo" — que consiste, en esencia, en que cada cuadra, cada manzana, cada vecino, tenga voz y voto en el diseño del lugar donde va a vivir los próximos treinta años. El gobierno municipal coordina y financia. La gente decide. El Estado escucha. Esa inversión —en tiempo, en paciencia, en recursos para la deliberación— es lo que separa a las ciudades que se reconstruyen de las ciudades que se reconstruyen bien.

Hace algo más de dos años, en un artículo publicado en este mismo portal, escribí lo que entonces era una provocación y hoy se ha convertido en una convicción atravesada por el dolor: hay que pensar la ciudad, no porque la ciudad sea un modelo matemático que descifrar, ni una ciencia que revisar. Porque la ciudad actual es gente malviviendo y sobreviviendo. Así de simple. En ese contexto, el modelo de ciudad que se ha venido imponiendo en América Latina —y del que La Guaira no es excepción— cuyo motor no es la vida de sus habitantes sino la lógica del mercado y su máximo beneficio.........

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