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La política no se rinde ante los portaaviones: Trotsky contra la doctrina del miedo

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18.02.2026

El artículo (Los que critican a Delcy Rodríguez y olvidan la Segunda Oleada) de Oscar Rodríguez Estrada no es simplemente una defensa circunstancial de Delcy Rodríguez; es la formulación explícita de una línea política basada en el miedo estratégico. Su argumento se estructura alrededor de una narrativa militar de asedio permanente: sesenta buques de guerra rodeando las costas, trescientos aviones listos para despegar, bombarderos estratégicos en el aire, portaaviones en posición de ataque y una "segunda oleada" preparada para destruir infraestructuras críticas si el gobierno venezolano osa responder o si el pueblo se moviliza. La escena no es presentada como hipótesis debatible sino como certeza inapelable. La política queda así subordinada a un escenario bélico omnipresente.

En esa construcción, Delcy Rodríguez aparece como un "escudo diplomático", la figura que, mediante conversaciones y concesiones, impide que el carnicero active la maquinaria de destrucción. El mensaje es claro: la supervivencia nacional depende de la contención, de la moderación, de la cesión calculada. La diplomacia no es aquí una táctica dentro de una estrategia mayor; se convierte en el eje absoluto de la preservación del país.

Pero el elemento más problemático no es la descripción del poder militar estadounidense —que nadie niega— sino la conclusión política que se extrae de él. El artículo sostiene que la crítica pública "desestabiliza institucionalmente", que quienes cuestionan las decisiones del gobierno contribuyen objetivamente al enemigo. Más aún, sugiere que una movilización popular masiva podría activar la "segunda oleada" de bombardeos, es decir, que la acción política de las masas sería el detonante de la catástrofe. La consecuencia implícita es devastadora desde el punto de vista marxista: el pueblo deja de ser sujeto histórico y se convierte en factor de riesgo.

Así se configura una doctrina del miedo como línea política. La correlación militar externa no es un elemento más del análisis, sino el principio ordenador de toda decisión interna. La amenaza permanente justifica la moderación permanente. La crítica se convierte en irresponsabilidad. La movilización se transforma en imprudencia. La diplomacia aparece como única vía racional.

El problema no es reconocer que existe presión imperial. El problema es convertir esa presión en argumento estructural para neutralizar la lucha política interna. Cuando el eje del discurso pasa de la correlación de clases a la correlación de bombarderos, la política deja de analizarse en términos de intereses sociales y se reduce al cálculo de daños. En ese desplazamiento se produce una inversión teórica profunda: lo militar pasa a determinar lo político.

Y ahí es donde comienza el verdadero debate.

La fuerza de clase como determinación histórica de la guerra

En el marxismo, la guerra no se decide en el terreno técnico sino en el terreno de la lucha de clases. El armamento es instrumento; la política de independencia de clase es el fundamento. Trotsky no concebía el factor militar como determinante, sino como subordinado a la cohesión política y a la movilización revolucionaria del proletariado.

Trotsky no fue un teórico abstracto de la guerra: fue el organizador del Ejército Rojo en medio de una guerra civil y de la invasión extranjera. Sus reflexiones no nacen de la especulación, sino de la experiencia concreta de enfrentar ejércitos profesionalizados, mejor armados y apoyados por las principales potencias del mundo.

En múltiples escritos sobre la guerra civil rusa, Trotsky insiste en que la guerra es una prueba concentrada de la política. Retomando y desarrollando la idea de Clausewitz, sostiene que el conflicto armado no es un fenómeno autónomo, sino la continuación de la lucha política en condiciones extremas. En "Cómo se armó la revolución", afirma que la solidez del Ejército Rojo no dependía únicamente del armamento, sino de su carácter social y de su vínculo con las masas trabajadoras. La disciplina, escribe, no podía ser puramente coercitiva; debía estar "penetrada por la conciencia de clase".

Trotsky insistía en que un ejército es, en última instancia, una estructura social armada. En sus discursos a los comandantes del Ejército Rojo subrayaba que la moral política es decisiva: un ejército que no expresa los intereses de una clase........

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