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Se acabó la retórica: Fondo Monetario Internacional defiende incremento de salario

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09.04.2026

Durante años, en los pasillos de la economía convencional y en los despachos oficiales, se ha agitado un fantasma para justificar una redistribución injusta de las riquezas: la "espiral de precios y salarios". La narrativa es sencilla y, a primera vista, lógica: si subes los salarios, las empresas suben los precios, y terminamos en un círculo vicioso que devora cualquier aumento. Suena razonable, pero tiene un pequeño problema: LA EVIDENCIA HISTÓRICA DICE QUE ES MENTIRA.

El Fondo Monetario Internacional (FMI), esa institución que difícilmente peca de "populista", acaba de publicar un documento técnico demoledor (WP/22/221). Tras analizar 79 países con episodios de alta inflación en los últimos cincuenta años, su conclusión es un balde de agua fría para los defensores de la austeridad extrema: "LAS ESPIRALES DE PRECIOS y SALARIOS NO SON LA NORMA, SINO LA EXCEPCIÓN".

El DESPLOME DEL DOGMA: 50 años de evidencia contra la "espiral inflacionaria".

Este hallazgo no es una opinión ligera; es el resultado de una investigación exhaustiva liderada por un equipo de élite académica. El estudio fue desarrollado por expertos de la talla de Jorge Alvarez (Universidad de Princeton), John Bluedorn ( Universidad de California), Niels-Jakob Hansen (Universidad de Estocolmo) entre otros.

Lo que el estudio del FMI nos dice es que los salarios suelen ir a la zaga, no a la vanguardia. Los resultados son contundentes: en países como Estados Unidos, Alemania, Francia, Perú, Brasil y Japón, tras picos inflacionarios, aunque los sueldos subieron rápido, los precios terminaron estabilizándose de todas formas. La narrativa asumida por gremios empresariales y a algunos economistas venezolanos sobre la supuesta inconveniencia de un ajuste salarial se desmorona frente a la realidad técnica de uno de los estudios más exhaustivos del FMI.

DESARMANDO EL PÁNICO CONTABLE: La verdad sobre la retroactividad de las prestaciones.

En Venezuela, además del miedo a la inflación, se repite como un eslogan que la "retroactividad de las prestaciones sociales" hace imposible el ajuste argumentando que el recálculo del pasivo laboral quebraría instantáneamente al Estado y a las empresas, Sin embargo, esta premisa es errónea, sesgada y limitada en su comprensión del ciclo económico.

En primer lugar, las prestaciones no representan un desembolso inmediato ni masivo; constituyen un pasivo que se liquida al finalizar la relación laboral de cada trabajador. Aunque un ajuste dispare el cálculo contable, esa cifra es una provisión, no un desembolso inmediato. En segundo lugar, el dinamismo que dará a la economía el ajuste salarial como lo demuestran la historia económica, incrementara la demanda agregada, los ingresos de las empresas y la recaudación fiscal al estado para honrar progresivamente sus compromisos laborales.

Además, la retroactividad deja de ser un obstáculo insalvable cuando se aplican los ajustes de manera gradual. Bajo este enfoque, las empresas pueden provisionar el pasivo de forma orgánica. Y es que también, el horizonte se expande con propuestas innovadoras, como la creación de bonos respaldados por la riqueza petrolera, una "tesis" que de ser viable en cálculo y financieramente, podría lograr que el beneficio sea simétrico: para el empresario que busca estabilidad, el Gobierno que requiere gobernabilidad y el trabajador que exige justicia.

Es factible en Venezuela?

Aquí es donde entra la pregunta que todos evaden: ¿Podemos ajustar el salario mínimo hoy? La respuesta es un rotundo sí, siempre que abandonemos el voluntarismo mágico y abracemos el realismo económico. Como ya he planteado anteriormente en mi análisis sobre "La verdad que no todos aceptan: ¿Es factible el ajuste de salario mínimo?" (https://www.aporrea.org/trabajadores/a350752.html), la clave reside en una estrategia de gradualismo. No se trata de un decreto de un día para el otro que multiplique por mil una cifra nominal vacía, sino de un proceso sostenido y financiado con ingresos reales.

Seguir negando un ajuste salarial digno bajo el dogma de "evitar la inflación" o el "lastre de las prestaciones", constituye una falacia técnica que ignora la evidencia empírica. Desde las crisis de los años 70 hasta las vigorosas recuperaciones post-pandemia en las economías del G7, la historia es tajante: la recomposición de los ingresos del trabajo son la palanca de aceleración necesaria para revitalizar el consumo interno. Sin una demanda agregada robusta, cualquier intento de crecimiento económico no es más que un espejismo estadístico.

Venezuela no necesita más miedo a los fantasmas económicos; necesita una hoja de ruta técnica y no dogmas al servicio de la cultura "rentista" que entienda que el salario es el motor indispensable de un ciclo económico serio, sostenible y compartido, y que el trabajo y no solo el empresariado debe ser el centro de la recuperación.


© Aporrea