Entre la mentira y la desesperanza
Vivimos suspendidos entre la mentira y la esperanza ilusoria. No como accidente histórico, sino como estructura de nuestra época. La falsedad no es ya una desviación del orden social, sino uno de sus principios constituyentes; la esperanza, por su parte, ha dejado de ser horizonte ético. El porvenir no promete redención, es una mera prolongación —quizá agravada— del presente.
Y sin embargo, los optimistas persisten. A ellos les dirijo una pregunta previa a cualquier debate político o moral: ¿cómo distinguir hoy la realidad del simulacro?, ¿la verdad interesada del relato?, ¿la felicidad de esa pulsión de consumo que los mercados confunden interesadamente con el bien vivir? Cuando el criterio de verdad ha sido sustituido por el de utilidad, toda certeza es sospechosa.
La tendencia al disimulo no es nueva; acompaña al ser humano desde sus........
