23 de mayo. Miraflores, un soldado, una bandera
Son las once de la mañana. Salgo de mi casa hacia Miraflores, yo solo, pensando en mi país. La camioneta avanza por la avenida Andrés Bello, Hay pocos pasajeros, se detiene, continúa, las calles no están colmadas de gente como es habitual los sábados, rodamos rápido, llegamos a Puente Llaguno, en la cuadra siguiente el transporte va a tomar rumbo a la izquierda por el bloqueo militar de la zona, pido la parada y me deja cerca de la esquina, al frente la barrera y unos soldados.
Me bajo, camino tres metros y saco del morral mi bandera. Es grande, dos metros por tres, nueva, nunca la he usado antes. Está limpia, impecable, sus colores brillan, más ahora al ver la luz del país donde otras similares flamearon miles de veces viendo derramar sangre venezolana. Con un mecatillo hago un nudo en la punta amarilla y la amarro a una estructura de señalización vial; hay poca gente, quizá ocho, diez personas. Los soldados ven lo que........
