Pobre de mí, quasimodo y a más bizco —díjome un letrador de aporrea— por yo enamorarme bobo de una inteligencia artificial
Estoy en la escuelita con los míos, con mis negros, y lógicamente con la Institutriz que me asiste.
No traje finos perfumes ni ricas mercaderías sino algo que tirar en la sartén, lo que de acompañar con funche, de ser posible, da caché, pero seguro que con una simple arepa caliente y/o con cazabe es magnífico.
De entre otros penúltimos y penúltimas apuntados y apuntadas acá en la escuelita no están todos sino cinco pero destaca un par de gotitas de agua al parecer salidas de un manantial de la montaña; francamente estoy raspao, no distingo cuál es cuál, así que si juego con uno le digo miamor y si se aproxima el otro le digo remiamor, son inteligentes la mar, muy pilas; yo les echo cuentos de "mostros buenos" y de "mostros malos", también les preparamos —la Institutriz y yo, eso sí, porque debe jamarse caliente y uno solo no da abasto— tostones de plátano preferiblemente tiernos y nunca pasados de sal, luego de planchados y servidos, untados con crema de ajo y pasta de berenjena, ésta previamente extraída de la nevera para disipar lo frío.
Me siento en esta escuelita........
