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Del Simulacro a la pérdida de Soberanía en Venezuela

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22.05.2026

El análisis crítico examina el simulacro de evacuación autorizado por el gobierno interino de Venezuela a Estados Unidos el 23 de mayo de 2026, que incluyó el sobrevuelo de dos aeronaves militares estadounidenses sobre Caracas. El estudio sostiene que este ejercicio, presentado como un protocolo regular de seguridad diplomática, no puede entenderse como un hecho aislado, sino que se inscribe en una cadena de eventos que comenzó con la captura militar de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026, la instalación de un gobierno interino bajo tutela de Washington y el posterior restablecimiento de relaciones bilaterales en condiciones de profunda asimetría.

El simulacro constituye, en esencia, una cesión de soberanía en múltiples dimensiones: fáctica (autorización de presencia militar extranjera en espacio aéreo nacional), simbólica (imagen de subordinación ante la comunidad internacional) e histórica (ruptura con décadas de doctrina antimperialista). Desde la perspectiva del derecho internacional, la autorización plantea el problema del "consentimiento viciado", pues el gobierno venezolano que la otorga debe su existencia a la misma potencia que hoy solicita el permiso.

El análisis también examina la participación de la Cruz Roja Venezolana, señalando la tensión entre su rol humanitario y el riesgo de ser instrumentalizada como escudo legitimador de una operación militar extranjera. En conclusión, el simulacro no es en sí mismo una catástrofe soberana, pero anticipa una nueva relación bilateral donde la influencia estadounidense se consolida con el visto bueno de las propias autoridades venezolanas, volviendo más compleja y difícil de revertir la erosión de su autonomía estatal.

This critical analysis examines the evacuation drill authorized by Venezuela’s interim government to the United States on May 23, 2026, which involved the overflight of two U.S. military aircraft over Caracas. The study argues that this exercise—presented as a routine diplomatic security protocol—cannot be understood as an isolated event. Rather, it is part of a chain of events that began with the military capture of Nicolás Maduro by U.S. forces on January 3, 2026, the installation of an interim government under Washington’s tutelage, and the subsequent reestablishment of bilateral relations under deeply asymmetric conditions.

The drill essentially constitutes a cession of sovereignty on multiple levels: operational (authorizing foreign military presence in national airspace), symbolic (projecting an image of subordination to the international community), and historical (breaking with decades of anti-imperialist doctrine). From the perspective of international law, the authorization raises the problem of "vitiated consent," since the Venezuelan government granting permission owes its very existence to the same power now requesting it.

The analysis also examines the participation of the Venezuelan Red Cross, highlighting the tension between its humanitarian role and the risk of being instrumentalized as a legitimizing shield for a foreign military operation. In conclusion, the drill is not in itself a sovereign catastrophe, but it foreshadows a new bilateral relationship where U.S. influence consolidates with the explicit approval of Venezuelan authorities themselves, making the erosion of state autonomy more complex and harder to reverse

Introducción: un hecho aparentemente técnico con hondas implicaciones geopolíticas

El 21 de mayo de 2026, el gobierno venezolano, encabezado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, anunció la autorización para que Estados Unidos realizara un simulacro de evacuación en su embajada en Caracas, programado para el sábado 23 de mayo. La operación contemplaba el sobrevuelo de dos aeronaves estadounidenses sobre la capital venezolana y maniobras de aterrizaje en las instalaciones de la sede diplomática, ubicada en una zona montañosa de Caracas. Presentado por el canciller Yván Gil como una solicitud de la embajada estadounidense para prepararse ante "eventuales situaciones médicas o contingencias catastróficas", el evento fue calificado por el Ejecutivo como parte de los "protocolos regulares de seguridad y protección diplomática".

Sin embargo, leer este hecho exclusivamente como un ejercicio rutinario de seguridad sería no solo ingenuo, sino analíticamente insuficiente. El simulacro no es un hecho aislado: se inscribe en una cadena de eventos que incluye la captura militar de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 3 de enero de 2026, los bombardeos que sembraron pánico sobre Caracas ese mismo día, la posterior juramentación de un gobierno interino bajo tutela de Washington y el restablecimiento de relaciones diplomáticas en marzo de 2026, tras siete años de ruptura. En este marco, el simulacro de evacuación se presenta como un síntoma —una manifestación concreta— de una relación bilateral profundamente asimétrica, donde la autorización venezolana para un sobrevuelo militar extranjero sobre su propia capital no puede ser interpretada sino como una cesión de soberanía que merece un análisis crítico riguroso.

Contexto: del restablecimiento diplomático a la normalización asimétrica

Para comprender la gravedad del episodio, es necesario remontarse brevemente a los hitos que lo preceden. El 5 de marzo de 2026, el Departamento de Estado de Estados Unidos y las "autoridades interinas de Venezuela" acordaron formalmente restablecer las relaciones diplomáticas y consulares. El comunicado oficial de Washington fue explícito en los términos de este acuerdo: la colaboración bilateral se centraría en "ayudar al pueblo venezolano a avanzar mediante un proceso gradual que cree las condiciones para una transición pacífica hacia un gobierno elegido democráticamente". Dos semanas después, el 30 de marzo, la embajada estadounidense en Caracas reabrió sus puertas, cerradas desde 2019, bajo el liderazgo de la diplomática Laura Dogu, posteriormente sustituida por el encargado de negocios John Barrett.

El restablecimiento formal, sin embargo, no operó sobre un terreno de igualdad. La reapertura de la embajada ocurrió "apenas meses después de una intervención militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro en enero", un hecho que, desde la óptica del derecho internacional, constituyó por sí mismo una violación flagrante de la soberanía venezolana. Como señala el análisis de SBS, "Rusia y China han calificado el proceso como un acto de 'piratería moderna' y una violación flagrante a la soberanía". El gobierno interino encabezado por Rodríguez, surgido de esa intervención militar, ha impulsado desde entonces "reformas en leyes de hidrocarburos y de minería favorables a la inversión extranjera", mientras que Washington ha comenzado a flexibilizar sanciones, otorgando nuevas licencias para operaciones en petróleo, petroquímica y producción de fertilizantes.

En este contexto, el simulacro de evacuación autorizado en mayo de 2026 no puede ser visto como un hecho aislado: es una pieza más de un proceso de normalización bilateral que se desarrolla en condiciones de asimetría estructural, donde el antiguo "Estado anfitrión" ha devenido, de hecho, en un "Estado tutelado", y donde las decisiones que deberían corresponder exclusivamente a la soberanía venezolana —como autorizar operaciones militares extranjeras en su espacio aéreo— se toman bajo una presión geopolítica ineludible.

La cesión de soberanía en sus múltiples dimensiones

Dimensión fáctica y operativa

La autorización para que dos aeronaves militares estadounidenses —sin que la información pública precise su naturaleza, aunque la prensa las refiere genéricamente como "aeronaves"— sobrevolaran Caracas y aterrizaran en la propia embajada representa una concesión operativa de primer orden. El espacio aéreo nacional es uno de los elementos definitorios de la soberanía territorial de un Estado; permitir sobrevuelos de aeronaves militares extranjeras, incluso bajo........

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