La Mafia el Cártel y la Cleptocracia
Los que se dicen revolucionarios, los burgueses revolucionarios que han acumulado muchos privilegios que les da estar en el poder, mientras la nación navega en el caos a nivel general, y son ahora quienes se rasgan las vestiduras, tratando de pasar agachados y dando la impresión de que son los próceres redivivos de la revolución bolivariana, olvidando el por qué están donde están, y para qué fueron elegidos, si es que lo fueron en buenas justas, porque hasta eso está en cuestionamiento. Desde el 3E26 es mucha tela la que se ha cortado, destapándose en el oficialismo y el oposicionismo, la inmensa corrupción y latrocinio, ejecutado sistemáticamente en connivencia de los políticos de la IV y de la V, los mismos musiues pero con diferente cachimbo, que se han vendido como los imprescindibles para sacar de abajo a la nación, cuando lamentablemente la han hundido entre un lodazal de delitos de toda laya. Ahora, y como si no tuviéramos memoria, todos los que se han beneficiado de los recursos y el erario público, los pocos que están en la cúpula del poder, y que han empobrecido a la mayoría en el país, a unos 20 millones que todavía moran en los 24 Estados, descontando los nueve millones de la diáspora, producto de las leyes que proscriben a los ciudadanos, por haber exigido y reclamado el respeto a las leyes y a la constitución, que han mancillado. Ahora orondos, pretenden salirse por la tangente, cuando han actuado con impunidad, amparados en la inmunidad, que ellos mismos se han otorgado, para delinquir abiertamente en una administración corrompida hasta más no poder, donde ninguno de los poderes públicos se salva de una evaluación a la luz de los recientes acontecimientos, terribles y dolorosos para las familias de venezolanos y venezolanas, que han sufrido y padecido en carne propia. Las evidencias están a la orden del día, las circunstancias sobrevenidas han desenmascarado a los principales responsables de todas las violaciones del régimen, que lo que ha dejado como aval de estos últimos trece años de los veintisiete que ha cumplido el proceso de cambios en Venezuela, no ha dejado un hueso sano, y deberán pagar sus culpas los traidores, como dice la voz del pueblo, que es la voz de Dios, para reparar los principios y valores, la ética y la moral, la justicia y el imperio de la ley, y el compromiso de quienes habiendo jurado ante Dios, la bandera y las instituciones de cara al soberano, es hora de que la ley y la constitución imperen. Con la verborrea y el leguleyismo simplon por barato, no los eximirá de responsabilidades. Por más cara de tabla que se muestran, se les nota el bulto y tienen que medir muy bien lo que dicen, porque por mucho que se tongoneen, se les ve el bojote, y el peso de sus delitos y responsabilidades incumplidas, los están hundiendo en el tremedal de la Historia Patria. Los venezolanos y las venezolanas nos dimos la mejor y más elaborada constitución del mundo, la que le dio nacimiento a la V República Bolivariana de Venezuela, queda por ver cómo enmendamos la plana y nos respetamos poniendo en alto lo que somos.
Hecho este largo introito, pasemos a lo medular de este artículo que se refiere a tres aspectos de la misma realidad compleja e intrincada, en la que estamos sumergidos, parte de un viejo sistema que ahora se constituye en nodos, donde cada grupo actúa en compartimientos estancos, pero interactúan coordinadamente, fagocitando socialmente a través de las instituciones y organizaciones, desde sus entrañas, aprovechándose de las energías que emanan del conglomerado social, violando su confianza desde las instancias de poder, donde se ha instalado el gusano de la corrupción. La apropiación indebida de los recursos de la nación, a través del estupro, la extorsión, el engaño, la manipulación, incluso con el ejercicio de la violencia sistemática, que afecta al individuo y al colectivo. El fenómeno no es nuevo, solo que varía y se adapta a las circunstancias donde se delinque sin rubor y de manera compulsiva, debilitando las instancias de control y sin auditoría. Eso ha permitido la instalación en la estructura del Estado, la cleptocracia, que se ha colado y confundido en lo común. El delito, el crimen, la impunidad, la corrupción, se han convertido en el modus vivendi, como mecanismos de control paraestatal, y ocurre cuando el delito, tipificado y sancionado, pasa a convivir mezclado entre las leyes que deben sancionarlos, donde se llega a incluso a imponer las propias........
