Amnistía para la democracia participativa y protagónica
Debemos reconocer que la propuesta de la Presidenta de la República de Venezuela, Delcy Rodríguez, de solicitarle a la Asamblea Nacional, la elaboración de una Ley de Amnistía, a los fines de eliminar la carga de odio, entre los venezolanos, fue una brillante idea, que hoy ya se materializa a pesar del saboteo dirigidos por algunos sectores de la oposición, donde la jefa de los comanditos asesinos de María Sin Patria Machado tenia las dos manos metidas. La democracia es un sistema político y de organización social en el que la soberanía reside en el pueblo, que se expresa mediante la voluntad de la mayoría a través del sufragio. Este poder puede expresarse de forma directa o indirecta y, dentro del marco de la democracia, se espera que las instituciones del Estado ejecuten y defiendan la voluntad del pueblo. El término "democracia" proviene de las voces griegas dêmos, "pueblo", y krateîn, "poder", de modo que equivale a algo así como "el poder del pueblo".
La democracia es una de las formas de gobierno imperante en el mundo actual, y es a través de este sistema que las decisiones trascendentales de la vida nacional, tales como la designación de cargos políticos de los poderes ejecutivo y legislativo, se someten a la consulta o votación popular. Igualmente se tiene la Definición y concepto de democracia participativa y protagónica. En el vasto panorama del derecho y la justicia, hay conceptos que se erigen como pilares fundamentales, reflejando la complejidad y la evolución de las sociedades a lo largo del tiempo. Uno de estos conceptos es la amnistía, una figura que trasciende fronteras geográficas y temporales, arraigadas en la historia de la humanidad y en la estructura misma de los sistemas legales. Desde las antiguas polis griegas hasta los modernos estados nacionales, la amnistía ha desempeñado un papel crucial en la administración de la justicia y en la búsqueda de la reconciliación social. Su esencia se revela en sus orígenes etimológicos, en su evolución a través de los siglos y en su aplicación en contextos políticos y jurídicos diversos.
El jueves de la semana pasada se aprobó, por unanimidad, la Ley de Amnistía para la Convivencia Democrática, paso inicial y gigante en la ruta de la reconciliación nacional, que de inmediato comenzó a dar frutos, algo no muy común en nuestros instrumentos jurídicos, pues estos suelen tardar en ponerse en real vigencia y en algunos casos nunca lo hacen del todo. Según el diputado Jorge Arreaza, presidente de la comisión encargada de hacerle seguimiento a la aplicación de la ley, para el viernes 27 de febrero se habían recibido 8 mil 110 solicitudes y ya habían sido favorecidas 4 mil 757 personas, entre ellas 223 que estaban en centros penales y 4 mil 534 que tenían medidas sustitutivas de la privación de libertad. Recordemos que el proyecto lo planteó originalmente la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, el 30 de enero, en la sede del Tribunal Supremo de Justicia, durante su discurso en el acto de inicio del año judicial 2026.
Luego de la aprobación de la normativa, se realizó en Miraflores, el lunes 23 de febrero, una reunión en la que quedó plasmada esta realidad de una jefa de Estado y un grupo de víctimas que, como en el enfrentamiento entre Florentino y el Diablo, "beben arena en la noche más oscura". La presidenta encargada puso el acento en el odio de clase como factor detonante de la crisis de violencia política y señala que el episodio del 3 de enero es la expresión más reciente y dura de ese odio.
