El éxito de quien enseña depende del éxito de quien aprende
Concluimos esta serie de reflexiones retornando al núcleo de nuestra vocación: la verdadera razón de ser del acto educativo. Tras examinar en entregas anteriores "Evaluar no es medir" y "Evaluar para formar", analizado:
· Los riesgos de la evaluación punitiva.
· Los vestigios del aprendizaje memorístico "al caletre".
· La asfixia por sobrecarga académica.
· El imperativo de aplicar la autotutela pedagógica ante contingencias y desviaciones de procedimiento.
Sin embargo, todos estos debates éticos, técnicos y jurídicos convergen en una verdad tan sencilla como contundente: el éxito de quien enseña depende indiscutiblemente del éxito de quien aprende.
En la práctica docente tradicional solía instalarse una premisa perversa: asumir que un alto porcentaje de reprobados demostraba "rigor", "exigencia" o "alto nivel".
Nada más distante de la ciencia pedagógica contemporánea. Un aula donde la mayoría no logra consolidar los aprendizajes no evidencia la firmeza del docente; revela la necesidad urgente de revisar y transformar la estrategia de enseñanza.
Enseñar y evaluar: Dos caras de la misma moneda
No es posible separar la enseñanza de la evaluación. Evaluar no es un evento aislado que ocurre al final de........
