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China impone la agenda

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24.06.2026

El viaje de Trump a China ilustró todas las adversidades que afronta Estados Unidos. El magnate fue a solicitar la apertura del mercado asiático para muchos productos norteamericanos y con ese objetivo subió al avión presidencial a la crema el capitalismo yanqui.

Los dueños de Tesla, Nvidia, Blackrock, Apple, Boeing, Cargill, Visa, Mastercard, Citi, Goldman Sachs, Meta y otras compañías, viajaron con la delegación oficial para concertar negocios. Esas empresas reúnen un capital bursátil superior al PBI de la gran mayoría países del mundo. Pero necesitan concertar con gran urgencia acuerdos de venta y provisión de insumos con sus pares asiáticos. La encarnizada competencia global ya no da respiro.

Los anfitriones de esa delegación volvieron a exhibir astucia en Beijing, con gran despliegue de gestos de buena voluntad. Sugirieron la compra de aviones Boeing y la adquisición de mayores volúmenes de soja, pero ratificaron las duras restricciones que rigen en todas las áreas estratégicas de la economía china. Confirmaron que negociarán punto por punto, en cada sector, contrapartidas equivalentes.

EL BOOMERGANG DE LAS SANCIONES

El magro resultado de la peregrinación a China, retrató cuán lejos se encuentra Trump de sus propósitos iniciales. Esperaba imponer aranceles a Beijing y ahora suplica la apertura de sus mercados. Todo el paquete de sanciones comerciales que concibió para debilitar a su rival ha fracasado en forma estrepitosa. Xi Jinping respondió con firmeza a esas penalidades y dispuso aranceles recíprocos que pulverizaron las bravuconadas del magnate. Las sanciones que burló Rusia fueron directamente fulminadas por China.

En los últimos meses Beijing erigió, además, una batería de respuestas jurídicas para neutralizar todos los castigos económicos anunciados por Trump. Determinó represalias chinas contra cualquier empresa que acate las exigencias estadounidenses. Definió restricciones en el comercio y la inversión para esas firmas y amenazó con juicios por incumplimiento de contratos, que las dejarían fuera del aprovisionamiento de insumos chinos (Pont, 2026a).

La experiencia del último año indica, además, que las compañías sancionadas por Estados Unidos, terminaron encontrando alternativas más rentables en otros mercados. La presión yanqui las indujo a buscar esas opciones y el hostigamiento derivó en un boomerang para su impulsor.

También falló el propósito norteamericano de incentivar por ese camino la relocalización de firmas en suelo estadounidense. Las empresas radicadas en la región asiática mantuvieron sus plantas en la cercanía del mercado chino y preservaron los lugares conseguidos en las cadenas de suministros que maneja Beijing (Pérez Llana, 2022).

La convocatoria inicial de Trump a desinvertir en China fue primero desoída y posteriormente rechazada por las compañías yanquis con negocios en Oriente. La voltereta final del magnate- viajando con cabeza gacha a solicitar negocios a Xi Jinping- sepultó definitivamente sus bravatas aduaneras. Tal como lo anticiparon muchos economistas, Estados Unidos terminó afectando con esas amenazas a su propia economía.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN DISPUTA

La plutocracia digital que acompañó a Trump está tironeada por dos objetivos contradictorios de rivalidad y asociación con China. Por un lado, Microsoft, Meta, Open AI y Google financiaron gran parte la campaña electoral del magnate, porque luego de encadenar al público a sus redes, necesitan el sostén del Estado para competir con sus concurrentes asiáticos.

Todas suponen que obstruyendo el acceso de China a ciertos eslabones claves del encadenamiento digital, podrían salir airosas de la batalla por la primacía informática. Pero, por otra parte, no logran prescindir del mercado, las tierras raras y los insumos que provee China.

El trasfondo del problema radica en que Estados Unidos pierde terreno, concertado o disputando con un........

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