Gustavo Bueno y Karl Marx. Más allá del Materialismo Filosófico
Este libro ha sido concebido desde el principio como un opúsculo, un breve texto de combate que pretende confrontar lo mejor del marxismo con lo mejor de ese pretendido sistema llamado "materialismo filosófico".
El ensayo filosófico es, por su naturaleza, un ejercicio escrito de la crítica. Toda filosofía, en sí misma, no es sino una actividad crítica, una praxis racional en estado puro. Otra cosa es la ideología, la literatura, etc., actividades humanas que en su forma escrita o dialogada pueden parecerse al ensayo filosófico. Un ensayo que buscara adoctrinar, convencer a los ya conversos, jugar con las palabras, eso y nada más, no sería filosofía, dicho sea por vía de ejemplo.
La Filosofía, desde mi punto de vista, es un saber de Segundo Grado, y en esto coincido plenamente con mi antiguo profesor, don Gustavo Bueno. En muchos otros aspectos no me considero un materialista filosófico, en realidad no soy miembro de dicha Escuela y, por ende, me absuelvo a mi mismo de toda condena por "heterodoxo". Heterodoxo es aquel que sale de una comunidad de fe, aunque para salir alguna vez estuvo dentro. No estoy ni estuve dentro de ninguna comunidad de materialistas filosóficos, aunque me formé, me doctoré y enseñé entre ellos; si bien hay aspectos de la filosofía de Bueno que comparto, y en este breve ensayo los voy a ir mostrando, en otros aspectos disiento gravemente. Tampoco me considero un marxista ortodoxo, suponiendo que el cuerpo de doctrinas e ideas, un corpus que de forma discontinua llevo años estudiando. No obstante, como espero mostrar, también hay aspectos filosóficos de la obra de Marx que doy por irrenunciables, y por ello, junto a Bueno pondré a Marx a modo de experimento: contrastación, complemento, diálogo. Esto es lo que indago al contemplarles juntos. Voy a buscar una superación del materialismo filosófico de ambos. Por ello titulo esta pieza escrita así: Más allá del Materialismo Filosófico.
Marx y Bueno: filósofos.
Para enseñar las cartas desde el principio: tomo de la obra de Gustavo Bueno su filosofía, de la misma manera en que lo hago con la de Marx. Me interesan poco los juicios sumarísimos e irracionales, hechos con intención ideológica. Esas "genealogías" (por cierto tan posmodernas) que remontan el Gulag a Marx, o que persisten en hacer remontar a la "ultraderecha" del partido VOX a Bueno, no son otra cosa que chatarra ideológica y difamación. Yo mismo, de manera modesta, he sido víctima de ese tipo de difamación –moralmente repugnante. A pesar de no ser famoso ni tampoco ser ningún mandarín académico, desde las páginas de una publicación electrónica "gustavobuenista", vincularon mi modesta persona nada menos que con el terrorismo[1]. Hacer este tipo de cosas, falsas "genealogías" y difamaciones, es el extremo opuesto de la labor filosófica. Hay que pasar de largo con la nariz tapada.
En estas páginas me centraré en los aspectos ontológicos, tanto del marxismo como del materialismo filosófico de Bueno. Llevo muchos años enseñando Filosofía a la gente joven, mucho más años en nivel de Bachillerato, muy poco tiempo en la Universidad. Ahora que se va aproximando el horizonte de mi jubilación me doy cuenta de la importancia que tiene el hecho de que las personas sepan de qué hablamos realmente cuando hablamos de realidad. El mundo tiene que contar con un mapa o representación hecho por la generación de personas que lo habitan. Por más extenso e intenso que sea ese mapa, la realidad misma desborda el mapa.
La Ontología es la disciplina filosófica que versa sobre la realidad. Como disciplina filosófica, es un saber de segundo grado que debe tener en cuenta, "hacer pie" en los campos categoriales labrados por las ciencias. En modo alguno esos saberes categoriales constituyen la única realidad existente o posible. Hay un aspecto, para mí apasionante (lo confieso) en el materialismo filosófico de Bueno, arista y faz que entronca de lleno con Kant y con el idealismo alemán: el "mundo" es necesariamente desbordante con respecto a aquello que puede ser acotado, conocido, labrado por el sujeto. Pero es que, además, el "mundo" como intento de totalización de diversos órdenes o géneros de materialidad se queda corto ante una totalidad mucho más amplia, que podríamos llamar acorde con la Metafísica clásica, el Ser.
Gustavo Bueno distinguió una Materia Ontológico-General (M) de una Materia Mundana (Mi). Esta Materia Ontológico-General no puede ser entendida como un sustrato –en el sentido realista, nouménico, una materia prima, un ser porfiriano. El materialismo filosófico no puede ser confundido con un realismo tosco, ni con una metafísica ya periclitada. No obstante, esa M es una idea metafísica, nos guste o no, inserta en un sistema como el de Bueno que aspira a no ser metafísico. La Mi, la Materia mundana, es resultado progresivo de esa Materia Ontológico-General (M) aplicada a diversos campos. La M como idea metafísica se presenta funcionalmente como idea general epistemológica, como una suerte de artefacto que nos permite ver en sus diversas dimensiones cómo opera una Mi a escala mundanal, ya regionalizada. Ninguna Mi, materia ontológico-especial (o regional) existe sola, en sí misma. La materia regionalizada en tres géneros (o mejor, dimensiones, como dice con acierto el profesor Alvargonzález) es, a su vez, un regressus a partir de las realidades categoriales.
Estas realidades categoriales dan el contenido y el punto de arranque para llegar a cada idea regional de materia. En esto consiste el realismo de Bueno: hay realidades categoriales que nutren nuestra idea regional y general de "lo que hay". La Ontología de Bueno no se basa en un "ser inmediato", sino en un ser ya trabajado, ya operado previamente (saberes de primer grado).
Creo, no obstante, que este realismo tan potente, el de don Gustavo Bueno, un realismo mucho más elaborado que los precedentes, basado en objetos categoriales ya labrados y no basado, como lo hizo el realismo sustancialista (no menos potente en su tiempo) de Tomás de Aquino, en un ente íntegramente presente al Sujeto, es el ensayo de un sistema filosófico que requiere de una Epistemología General. Quiero decir con ello que la Teoría del Cierre Categorial aplicada a los saberes científico-categoriales estrictos no es esa Epistemología General, aunque aporta elementos clave para ella: la base de una teoría de la realidad (Ontología), Bueno empieza a hallarla sólidamente en los cierres gnoseológicos de la Física, de la Química, de la Geometría, etc. , pero estos cierres gnoseológicos (donde hay teoremas y principios que hacen de sistematizadores [2] de un sistema categorial, un sistema "de realidad") no son, ni mucho menos el conjunto de lo que existe. Las ciencias humanas, la técnica y la tecnología presentan cierres operatorios, mediante los cuales el sujeto transforma el mundo (poiesis) y se transforma a sí mismo (praxis).
En este tipo de cierres –prácticos y poiéticos- es en el que la figura de Marx cobra, a mi entender, una colosal importancia. No puedo ver, de acuerdo con intérpretes como Preve o Fusaro, un materialista consecuente en Marx. En el corpus marxiano, en evolución permanente mientras el hombre que locreó vivió filosóficamente, hay más de idealismo que de materialismo. Pero un idealismo "práctico" y "poiético" que lo acercaría mucho al materialismo filosófico en muchas cuestiones.
Hiperrealismo de Marx y Bueno.
Como tal idea requiere trabajos más extensos, que espero poder publicar en el futuro, me contentaré con decir por el momento lo siguiente: Marx y Bueno están rigurosamente hermanados por su voluntad hiperrealista de construir una filosofía rigurosa. Ambos filósofos incurrieron en la falta de emplear los términos materia y materialismo para hacer referencia, respectivamente, a una realidad (en parte) objetivable y operable categorialmente, en el primer caso, y a un punto de vista racional y riguroso ("científico", en el sentido no positivista de la palabra) en el segundo. Sin embargo, a las palabras las carga el diablo, que en este caso es la Historia. Para siempre, el materialismo será una postura metafísica y reduccionista, y la materia, si no es una idea metafísica (ontológico-general) es una idea del primer género (regional), corporeísta, energetista, fisicalista, etc.). Ni Marx quiso construir un sistema filosófico, ni Bueno fue capaz de hacerlo, o no vivó lo suficiente, etc. Para tal empresa hace falta una Epistemología General, en donde el Ego trascendental no aparezca como mero fantasma o epifenómeno, sino como la estructura misma de la realidad. Trataremos de ir desgranando esto.
El marxismo no es, en manera alguna, un sistema. Y el materialismo filosófico, esto es, el conjunto de doctrinas desarrolladas por el filósofo español don Gustavo Bueno Martínez, fallecido en 2016, quiso serlo, aunque no logró la empresa del todo.
Desde mi época de estudiante universitario, a comienzos de la década de 1980, tomé contacto con las dos corrientes doctrinales, ya que no hablamos estrictamente de sistemas, marxismo y "buenismo". Con posterioridad a mi tesis doctoral, leída en 1993, o un poco antes, comencé a publicar artículos en revistas académicas, textos en los cuales, de un modo u otro, la idea y la palabra "materialismo" se hacían omnipresentes. En mi visión juvenil y no del todo informada de las cuestiones, creía que ese común denominador del "materialismo" aproximaba por sí mismo la versión que el profesor Bueno nos daba de la Filosofía, y la versión heredada que Karl Marx daba de la misma. En el caso de Marx, la rotulación de "materialista" no se limitaba a la Filosofía sino que era aplicada a su visión de la Historia y de otras Ciencias Sociales entonces en ciernes. Esto me pareció un error muy prontamente, en cuanto tomé cierta distancia de ambos autores, y sigo creyendo todavía hoy que es un error. Lo interesante del caso es que me pareció un error por motivos cambiantes a lo largo del tiempo.
A. En mis primeros tiempos, primero como estudiante, como profesor asociado de Universidad y después como profesor de Bachillerato, observé en Bueno y en la llamada "Escuela de Bueno" una deriva reaccionaria, claramente incompatible con todo lo que representa el marxismo como filosofía emancipatoria, filosofía a la que me sentía mucho más adherido. Me abstendré en esta pieza escrita de relatar todas las circunstancias externas (municipales, partidistas, mediáticas, sociales en general), cuya constelación completa no puedo contemplar, y que condujeron a Bueno a un abrupto abandono de tesis sustanciales del marxismo, un abandono por parte de aquel "materialismo filosófico" que todavía en los años 70 podía y quería ser "compañero de viaje del marxismo". Cuando en mis manos cayó el libro de Bueno "El Mito de la Cultura" (1996), en donde se hacían comparaciones meramente externas –por ejemplo- entre la termodinámica de una planta, de una parte, y la dialéctica marxista entre la base y la superestructura, de la otra, mis ojos se terminaron de abrir del todo. El materialismo filosófico desarrollado por Bueno nunca fue un verdadero compañero de viaje del marxismo, y es incompatible con la obra de Marx en varios puntos fundamentales. La incompatibilidad revelaba, además, una incomprensión fundamental del Marx filósofo por parte de Bueno.
B. Muchos años más tarde, haciendo traducciones y estudios de los marxistas italianos heterodoxos, como Costanzo Preve o Diego Fusaro, me percaté de la verdadera naturaleza de la confusión. No es que Bueno fuera, en realidad, "poco materialista" en su comparación con Karl Marx. La cuestión es que la auto-adscripción como "materialistas" resulta, en los dos casos, un completo error. Mis otros maestros, italianos, Preve y Fusaro, han argumentado de una manera profunda y erudita en este aspecto: Marx fue un idealista, el más granado y consecuente sucesor del gran ciclo del idealismo alemán del siglo XIX. Tras la contribución esencial de Kant, punto de partida de Fichte, Schelling y Hegel, la metafísica idealista tomó grandes vuelos, no tanto por un supuesto "mentalismo" que engulle, por decirlo así, todos los contenidos del mundo, sino por el "lado práctico" del idealismo, aquel que el propio Marx valora sobremanera en laTesis XI sobre Feuerbach. El marxismo interpretado como Filosofía de la Praxis, esto es, como una teoría de la acción transformadora (y eventualmente revolucionaria) de los sujetos humanos en el mundo es la culminación del idealismo, no simplemente una "vuelta del revés".
Dicho de manera muy sucinta, Marx no fue materialista, aunque él se declaró de esa manera con el fin de desmarcarse de la "mala metafísica".
Cuando Marx se declara materialista suele querer indicar varias cosas: a) que adopta un punto de vista científico, crítico, riguroso, b) que no adopta un punto de vista ideologizado, una mala metafísica alzada sobre gratuidades e imposturas, c) que no ofrece un sustituto de la teología en ninguna de sus ramas (escatología), etc. Muchas de las polémicas y falsas interpretaciones sobre el "Marx científico" frente al Marx "filósofo", como las que derivan de Althusser y su escuela, pueden ahorrarse si se entiende "ciencia" en el sentido alemán de la palabra, Wissenschaft, que era una ciencia filosófica teórica, no estrictamente empírica, como la Science anglosajona. Marx, al hablar de su "ciencia" en materia económica e histórica, no está yendo en contra de la Filosofía como tal a pesar de algunos pasajes suyos desafortunados. Marx confronta la Ciencia Filosófica (rigurosa, crítica, racional) a la (mala) Metafísica de su tiempo.[3]
Considero que el marxismo no es........
