El Imperio de las hormigas
En Europa ya estamos todos muertos. En ella vive "el último hombre". Los acontecimientos se suceden y todo se desliza hacia el abismo. Poseemos el grado cero de moralidad. La sensibilidad de las hormigas. Europa es un hormiguero ético. Las figuras negras con patas, minúsculas e indiferenciadas, van de acá para allá. Si una bota aplasta a docenas de ellas, ninguna se inmuta. Cada una sigue su paso, se atiene a "sus negocios". Ya lo dijo aquella señora inglesa: "No hay tal cosa llamada sociedad". Ella, junto con Reagan y Pinochet, nos instruyó a todos. Somos hormigas que van y vienen por la calle, y si un chico travieso pone su lupa bajo el sol, nos podría calcinar a todas nosotras. Trump o Merz, o Netanyahu tienen lupas para observar y calcinar hormigas.
La radio, la tele, las redes nos lo dicen, aunque sin entrar en detalles. Quizá ya sean cientos (no docenas) de miles de gazatíes asesinados. Sabemos quiénes son los asesinos: les vendemos armas. Les aceptamos. Y ellos, los de aquella insaciable "Tierra Prometida" nos las venden a nosotros, y nos espían con el software más sofisticado que uno pueda imaginarse. Dicen que son judíos que defienden su "Tierra", una tierra concedida en 1948 después de dos mil años de diáspora. Pero cuando uno se convierte en asesino en masa, no es judío, ni es humano: es solamente eso, una rata asesina. El crédito que ganaron tristemente como víctimas del Holocausto está gastado.
Pero las hormigas europeas no quieren saber nada de gazatíes, nada de países enteros y regiones enteras convertidas en campos de exterminio. La Memoria Histórica no les llega hasta el Presente.
El último hombre europeo, ese que Nietzsche comenzó a vislumbrar hace más de un siglo, asiste hoy a nuevos bombardeos democráticos y matanzas humanitarias. Desde el cielo, los líderes del último hombre europeo arrojan una lluvia de muerte con el fin de que las mujeres iraníes se quiten el velo, con el ánimo de que las teocracias del mundo –bueno, solamente aquellas teocracias que se enfrentan a los EE UU- desaparezcan y se vistan con shorts, minifaldas y vaqueros. Dicen que es una "guerra de civilizaciones", enésima pamplina inventada tras las anteriores y supuestas guerras de razas, de religiones, de valores. Ya van más de mil muertos en Irán según cifras oficiales, que a mí me parecen muy conservadoras. Las niñas masacradas en una escuela persa, superando la cifra de 160, no han tenido ninguna oportunidad de llegar a mayores y decidir si se ponen o se quitan la prenda que les tapa el rostro. El mayor velo, el tétrico y definitivo velo, se lo ha puesto "Occidente", el de Trump y Netanyahu. El ejército de la "civilización judeo-cristiana" ha puesto el velo a esas niñas, criaturas humanas que la prensa occidental casi ignora, y que no pudieron llegar a ser mujeres. Un velo que impide seguir viendo el mundo, una oscuridad feroz que se llama muerte.
Resulta orwelliano, resulta insultante a la moral y a la inteligencia, que nosotros hablemos todavía hoy de los "valores de Occidente". Los ministros y altos cargos americanos y europeos -entre ellos el de España- fueron a rendir honores a sus rebanadores de cuellos –antiguos yihadistas- instalados en el poder en Siria. Tras unas bombas, nuevos asesinatos de líderes y unas oenegés "feministas" pagadas con dólares, los americanos de Trump, y los sionistas de Bibi creyeron que iban a hacer caer Irán.
El país persa es duro de roer. No se tumba este régimen con una rebelión de los paraguas (Hong Kong), con una sentada en la Plaza Mayor (Madrid), con un rodeo a Wall Street, con unos pechos de mujer al aire (Moscú), con un programa de televisión (Podemos, España), en fin, con una calderilla soltada por Soros. Y las bombas caídas desde el cielo matando a la gente lo único que pueden conseguir es unir a esta gente de un pubelo contra el agresor extranjero, aunque algunos o muchos detesten a su régimen. Pero es su régimen.
No todos los iraníes están hechos de la pasta de María Corina Machado, la Premio Nobel que celebra que su propio país –Venezuela- sea bombardeado, su soberanía humillada, y su presidente secuestrado. Es más, pienso que en Irán van a resistir con enjambres de drones y artefactos balísticos lanzados sobre bases americanas y emplazamientos hebreos durante mucho, mucho tiempo. El "paraíso" neoesclavista y financiero de los desiertos arábigos va a desaparecer. No hay paraguas para tantos misiles. A no ser que "alguien" pida la tregua, como sucedió hace no mucho tiempo. Y el cese de los ataques, como todo el mundo sabe (si es que lo quiere saber) estará motivado porque a la coalición "sionista-judeo-cristiana" se le han agotado los juguetes, los cohetes que regalan muerte a las niñas de Irán. Por lo demás, la insurrección occidentalizadora -¡oh, extraño! – no ha tenido lugar en ese país. Las masas de Vietnam, Iraq, Libia, Siria, y tantos otros lugares, como las de Irán, no han corrido a besar las botas de los libertadores sionistas judeo-cristianos nunca. Lo que se dice "nunca".
Los valores de ese Occidente que mata desde el cielo, y que acerca cascarones de la US Navy allí donde hay un país desobediente, están por los suelos. Fuera de la caverna mediática de mentiras y control mental que un día quis ser luz del mundo, Europa, nadie cree en esa filfa. La Europa, cuna del Renacimiento, la Ilustración, el "Estado de Derecho", la Democracia y los Derechos Humanos, está amortizada; nadie cree en ella. El mundo extra-occidental no quiere ser liberado, y los regímenes que no gustan al círculo Epstein son regímenes que podrán ser teocráticos, desiguales, iliberales, monopartidistas, comunistas, etc. pero son "sus" régimenes, los mismos que aún luchan por ser soberanos y luchan por crear un mundo multipolar, donde las reglas no las ponga solamente un poder hegemónico, que desde 1945 quiere ser el mismo.
La sociedad de hormigas europea va a conocer prontamente una nueva gama de recortes y ajustes de cinturón. El canciller alemán ya no necesita ponerse encima el casco prusiano ni el brazalete con la esvástica. Bastan sus credenciales de miembro de la élite financiera-depredadora. La ideología –racista, supremacista, ultranacionalista- es secundaria en este siglo XXI: la Alemania nihilista-especulativa- epsteiniana se rearma con vistas a ser la potencia dominante de Europa, un pobre caniche ante el poder americano o el ruso, pero un terrible hegemón en Europa occidental y central. Esa Alemania que estrujó a Grecia, hasta convertirla en una cáscara de limón exprimido, y que estrujó con saña a Italia, Portugal, España, la Europa del sur y de la periferia – los "PIGS", nos llamaron, los "cerdos" en la koiné del inglés financiero- es la misma que nos va a imponer sacrificios feroces y la misma que va a marcar el ritmo del rearme a nosotros, los "cerdos" del sur mediterráneo, los supuestos informales y subdesarrollados "latinos" sometidos al euro.
La sociedad de las hormigas europeas ya no siente nada cuando una hermana es pisoteada. Todas son iguales y sustituibles. Los periodistas mercenarios tapan cuanto pueden las vergüenzas. La derrota en Ucrania no puede ser admitida: admitir una derrota de Occidente en plena Europa sería el principio del fin, la deslegitimación del tinglado UE-OTAN. Al diablo De Gasperi, Schuman, Adenauer. Pero, de todas las maneras ese fin de Occidente ha llegado. Parece muy difícil que las élites financiero-satánicas del estilo Epstein posean palancas para mover a la juventud occidentalhacia el frente y suplir al último ucraniano caído, o al último mercenario al servicio del batallón Azov o del Gran Zelensky. Poseen las armas para hacer de nosotros hormigas, zombis, drogodependientes y tecnodependientes, pero no héroes de una causa perdida, absurda, una causa sin causa, puramente nihilista.
