¿Para qué sirve el bolivarianismo? A propósito del natalicio de Simón Bolívar
"No sigamos escribiendo la historia de lo que murió; para guardar el recuerdo de un pasado sin vida basta con el cronista,…el verdadero crítico busca lo que es todavía para el presente herencia y posibilidad de acción. La única historia que debe escribirse es la historia de lo que vive todavía." Augusto Mijares
Cada 24 de julio, cuando la fecha marca el nacimiento de Simón Bolívar, el ritual se repite con una regularidad tan predecible como la de los rituales de Estado: discursos grandilocuentes, ofrendas florales y la invocación de un nombre que parece servir más para consagrar el poder existente que para desafiar sus estructuras.
Se le momifica como una estatua de bronce o se le reduce a un militar de éxito, cuando no se le vilipendia como un déspota fracasado. Pero ninguna de esas dos operaciones —la hagiografía o la demonización— acierta a comprender la pregunta fundamental que su vida y obra nos plantean: ¿cómo se organiza un mundo nuevo cuando el peso de tres siglos de dominación, la inercia de la desigualdad y la fuerza de los imperios están en su contra?
Por eso, cuando se pregunta por la actualidad de su pensamiento, la respuesta no debe hallarse en la fiel repetición de sus proclamas, sino en la fidelidad a su problema central: el de la construcción de un proyecto político soberano, justo y anticolonial en un continente fragmentado y asediado.
La pregunta por su utilidad hoy no puede ser respondida por la estatua, sino por el análisis de su método y sus advertencias. ¿Ha sido superada la necesidad de una conciencia continental unificada? ¿Es el "pequeño género humano" que describió un concepto arcaico o una realidad más vigente que nunca frente a los nuevos embates del colonialismo?
La vanguardia y las "repúblicas aéreas": el problema de la relación entre liderazgo y pueblo
La teoría política de Bolívar no se forjó en el gabinete, sino en la derrota, como él mismo expresa en el Manifiesto de Cartagena (1812). Su primer gran diagnóstico contiene una crítica mordaz no solo al sistema federal, sino a la desconexión fundamental entre el liderazgo revolucionario y la realidad del pueblo. Allí acuña un concepto que ilumina su pensamiento: el de las "repúblicas aéreas". Advierte que "los códigos que consultaban nuestros magistrados no eran los que podían enseñarles la ciencia práctica del Gobierno, sino los que han formado ciertos buenos visionarios que, imaginándose Repúblicas aéreas, han procurado alcanzar la perfección política, presuponiendo la perfectibilidad del linaje humano". Es decir, el primer y más grave error fue construir instituciones ideales sobre una base social que no las comprendía ni estaba preparada para sostenerlas.
Aquí surge el núcleo de su propuesta política: la necesidad de un liderazgo que no se limite a gobernar, sino que eduque y transforme al pueblo desde dentro, forjando una nueva conciencia nacional. No se trata de un caudillismo personalista, sino de una vanguardia que asuma la tarea de "formar el corazón" de los hombres para la libertad, como él mismo le reconoce a su maestro Simón Rodríguez: "Ud. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande, para lo hermoso". Esta vanguardia no es un sustituto de la voluntad popular, sino un instrumento para que esa voluntad, aún "embrutecida por la doctrina de la superstición", pueda encontrar su camino.
Bolívar no fue un iluso que creyera que la revolución se hace sola. Comprendió que la transformación del pueblo era la condición para la........
