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Hagamos las paces: Podemos elegir nuestras palabras

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02.03.2026

¿Cómo está siendo la comunicación entre los venezolanos hoy en estos tiempos de incertidumbre, subidas y bajadas, y problemas generalizados?

Nos parece que hay mucho insulto, mucha descalificación, muchas reacciones desmedidas ante información que son a veces falsas, y también, a veces, en casos, hay silencios que ofenden.

Además de subrayar que hay que tener paciencia, en esta “transición” que no vemos clara, que es posible que mejoren algunos elementos del país, como el incremento de ingresos por cambios en la Ley de hidrocarburos, pero lo cierto es que, por ejemplo, el incremento de salarios para la mayoría, entre ellos los de los médicos, enfermeras y el de los educadores, no será para la próxima semana, igual que todo lo que tiene que ver con la reinstitucionalización del país… Entonces además de paciencia, y realismo, tenemos que revisar nuestra manera de comunicarnos, nuestras palabras, pues.

Nos ayudamos con un poema – oración de Benjamín González Buelta SJ, titulado Una palabra:

Una palabra en la mano/ puede ser piedra certera / en la sien del gigante/ un bisturí afilado / que raja el orgullo/ pan y amistad ofrecidos / al que nada tiene.

Una palabra en el suelo/ puede ser una losa / para que descanse la espalda / un cimiento seguro / para que construyas tu casa/ un banco en la plaza/ para aliviar el viajero.

Una palabra En el agua/ puede ser un apoyo/ para saltar la corriente/ un dique amigo/ para detener la avalancha/ un recuerdo pulido por el vaivén de las olas.

Una palabra en el aire/ puede ser un puente/ para saltar los abismos/ una onda en el alma/ para vencer las fronteras/ una mirada tierna que acerca y abraza.

Una palabra en la piel/ puede ser un rubor/ en la mejilla que escucha/ un fervor en el cuerpo/ que agiganta la vida/ el infinito pequeño/ en un cuerpo que ama.

Este bello poema nos puede ayudar a inspirar para que elijamos las palabras necesarias para los venezolanos hoy.

Necesitamos palabras que puedan hacer críticas certeras.

Palabras que signifiquen que tenemos las manos extendidas ante tanta gente sufriendo, basta con ver a esos niños, adolescentes en las esquinas ofreciendo limpiar vidrios en vez de estar en aulas estudiando, niños, adolescentes y jóvenes con hambre, además de unas palabras amables, acompañe un saludo con algo para comer.

Necesitamos palabras que puedan servir de alivio ante el cansancio de tanto pensionado con pensiones ridículas. Y palabras para ver cómo elevar protestas pacíficas para acompañarlos.

Urgen palabras que acompañen a los familiares de los presos políticos, todavía dentro de centros penitenciarios donde puro sufrimiento, y también palabras exigir que esos presos sean liberados y no sólo excarcelados.

Necesitamos palabras que sirvan de puente para saltar corrientes entre gente que piensa distinto pero que seguro quiere como nosotros más democracia participativa, plural y protagónica. Necesitamos palabras que ayuden a ver horizontes comunes.

Urgen palabras que siembre esperanza, con realismo, pero que no lleven a pensar que “no hay nada qué hacer”.

Necesitamos palabras de esos líderes históricos, como Gandhi, Mandela, Luther King, Monseñor Romero, que nos ayuden a ver cómo hacer las cosas hoy.

Necesitamos palabras que supongan que estamos escuchando a los jóvenes, esos que parecen que no ven ni presente ni futuro en el país.

Necesitamos palabras que defiendan a los niños, niñas y adolescentes sin protección integral.

Entre varios, en comunidad, es menos difícil encontrar las palabras necesarias para estos momentos difíciles.


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