La Revolución de las Expectativas
En las Ciencias Sociales se habla de una “revolución de expectativas crecientes” cuando uno o varios eventos cambian los condicionantes de un status quo negativo. Ese cambio levanta expectativas de mejoras drásticas en la población involucrada en cuanto a diversos aspectos de su vida que se vieron perjudicados; tales como ingreso, consumo, servicios públicos, seguridad y libertades políticas. En estos aspectos, las personas exigen más y toleran menos la ineficiencia, la corrupción y la tardanza en obtener los resultados esperados.
Este es un fenómeno mundial y milenario. Los dirigentes a quienes les corresponda manejar una revolución de exceptivas enfrentan un reto mayúsculo. Recordemos los casos de los sucesores del General J.V. Gómez: Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita (una transformación desde adentro del sistema); o la caída del gobierno de Marcos Pérez Jiménez, seguida por la Junta de Gobierno (una transformación híbrida); o la sucesión de Francisco Franco (interna, programada por él mismo), o la salida de Nicolás Maduro (sucesión externa, cedida a lo interno); la remoción del cargo de Carlos Andrés Pérez II (interna, por sus compañeros de la coalición AD-Copei) y los regímenes que sucedieron a la caída del Muro de Berlín (transformación externa); de la Unión Soviética (interna, liderada por Michail Gorbachov), y a la muerte de Mao Zedong (interna, liderada por Deng Xiao Ping), etc., etc.
El auge de expectativas que predomina en Venezuela es, principalmente económico dada la pérdida del 75% del PIB, desde 2014 hasta 2020, la caída de los salarios e ingresos per cápita y el deterioro de todos los servicios públicos. En un segundo lugar, distante, según nuestras encuestas, se ubican las expectativas de cambio político. A pesar del pésimo gobierno de NM, al cual están asociadas las imágenes de los actuales gobernantes encargados de manejar la transición, este segundo lugar se debe al profundo empobrecimiento durante el gobierno anterior y a que hoy día las lealtades políticas (Identificación Partidista) son mínimas. Esto quiere decir que, quien quiera que pueda convencer a la mayoría de la población de una mejor expectativa socioeconómica, tenderá a tener los votos en una eventual elección, que cada vez luce más lejana según el radar del norte.
Por el contrario, la presión por un cambio político crecería si las expectativas siguen subiendo y actual gobierno interino no puede responder, sin prisa y sin pausa, a dichas expectativas. La Regla de Oro parece ser esa, equilibrio entre el avance, los recursos reales disponibles y la dosificación: Avance, porque sin él no habría estabilidad, control. Pero sin prisa, por dos razones: Porque en una situación de revolución de expectativas casi nunca hay recursos para ofrecer muchas soluciones (ni que sean obvias y urgentes). Y porque es necesario dosificar lo bueno: Si a cualquier ser humano se le da mucho, aunque sea necesario y justo, pronto se te echará al cuello porque quiere más; el efecto gratificador se agota rápidamente, con el agravante de que “ya aprendió que puede conseguir mucho más”. Por ejemplo, cualquier libro de administración de personal dirá que si en una empresa u organización ocurre un rezago importante en los salarios, no se debe llenar la brecha de una vez, aunque se tenga el dinero. Si lo hace, perderá al personal si no repite esos altos aumentos en ocasiones sucesivas. Buscarán otro empleo, harán huelga o sabotearán la operación.
Estos son los retos que debemos enfrentar en la revolución de expectativas que está ocurriendo en diversos frentes, entre ellos el de los salarios. Si el gobierno incrementa los salarios drásticamente y lo hace sin recuperar producción y productividad o, peor aún, si lo hace creando dinero sin respaldo, como en agosto de 2022, la inflación y devaluación se le irán de las manos, los aumentos salariales se diluirán “como sal y agua.” Allí se abriría una brecha “expectativas–realidad” asociada a sentimientos de mayor privación relativa y de mayor agravio por comparación con los sentimientos que existían antes del surgimiento de la revolución de expectativas porque la población involucrada se sentirá con más derecho y menos inhibiciones. Con ello, arriesgaríamos la milagrosa estabilidad que estamos viviendo, a pesar de la trascendencia del shock del 03-01-2026.
Pero el gobierno ni ningún liderazgo sectorial puede ignorar la justa y urgente aspiración de las mejoras de salarios, servicios públicos, etc. La única forma de responder a estos retos es acelerar la inversión privada y diversificar las exportaciones para poder crear más empleos y pagar mejores salarios. El mover la economía en función del gasto público, en particular, desde 1974, con el cambio de política OPEP, ha significado inflación, aun en los períodos en que el ingreso petrolero ha sido suficiente para no emitir dinero inorgánico, porque, si se inyecta a la economía más liquidez sin que ésta esté equilibrada con la cantidad de bienes y servicios ofrecidos, tiende a dispararse la inflación.
Entonces, el gobierno o quienquiera que sea visto como responsable de satisfacer una revolución de expectativas, necesita alinear el discurso con la capacidad real de respuesta. Veamos algunas reglas de juego para lograr ese equilibrio y qué estamos haciendo al respecto:
Evitar promesas maximalistas, explicar claramente restricciones, secuencia y tiempos de las mejoras. Hoy, en Venezuela, no se han hecho tales promesas maximalistas, pero la mayoría recibe información sobre grandes proyectos petroleros y mineros que levantan grandes expectativas sobre aumentos drásticos de sueldos; muy justos y necesarios, pero imposibles a corto plazo.
Priorización creíble: La recuperación petrolera y gasífera no es una fuente de empleo; más bien, a esa industria le sobra un 70% de su personal; 100.000 personas. Se necesita una diversificación generalizada de la inversión privada para levantar la producción, el empleo, los salarios, el respaldo al valor de la moneda para evitar la inflación y la devaluación.
Mostrar resultados tempranos (“quick wins”): Hay que buscar “mangos bajitos” que se puedan mostrar como avances, aunque sean pequeños. Obviamente, la devolución de empresas o propiedades expropiadas o confiscadas sería un gran paso adelante, tanto en la recuperación económica como de la confianza. Otros resultados tempranos ya lo estamos viendo a raíz de la nueva Ley de Hidrocarburos, cuyo esquema de empresas mixtas bajo administración privada se está replicando en la Ley de Minas, se sospecha que se está aplicando también en la Ley del Sistema Eléctrico y puede replicarse en la fusión que se necesita hacer entre la Ley de Inversiones y la derogación de la Ley Antibloqueo. Publicitar estos avances es clave y buscar moderar a los extremistas de izquierda para evitar que reaccionen en contra.
Gestión de la comunicación: campañas de escucha y de explicación del “por qué” de las reformas, los costos de transición y los mecanismos de compensación; la información clara y no partidista de organismos internacionales o de gobiernos extranjeros referentes aumenta el apoyo a reformas, incluso impopulares.
Reformas de gobernanza: Esto ya está ocurriendo mediante avances visibles contra la corrupción y mejora de la capacidad administrativa dado que proliferan los arrestos, los nombramientos de tecnócratas y la salida de fichas partidistas-clientelistas de los cargos públicos. Véase la nueva directiva de PDVSA.
Así como hay que moderar los avances económicos según los recursos reales, también hay que Moderar el avance en las libertades políticas antes conculcadas: la experiencia de las reformas políticas aceleradas durante la administración del General Eleazar López Contreras es un ejemplo de la desestabilización que pueden crear demasiadas cosas buenas. El mismo López Contreras promovió la reforma constitucional que recortó su período presidencial de siete a cinco años y permitió la organización y movilización de partidos y sindicatos e incrementó la libre expresión. El resultado fue que tuvo que regresar a la represión para evitar el desorden civil y el descontento militar. ¿Será esto lo que busca evitar D.J. Trump cuando le pide a MCM postergar su regreso?
Cuando la brecha expectativa–realidad se vuelve intolerable tras un período de mejoras seguido de deterioro – “frenazos”, aumentan las probabilidades de disturbios, insurgencias o estallidos tipo “primavera árabe”. Surgen proyectos populistas o autoritarios que capitalizan el agravio; el “péndulo ideológico”, común en América Latina, que se alimenta precisamente de revoluciones de expectativas insatisfechas.
Por ahora, parece que “estamos mal, pero vamos bien,” Teodoro dixit. Todo esto es difícil de manejar, y mucho más difícil de entender; es un juego dialéctico cuya síntesis estabilizadora es escurridiza.
