Administración: disciplina del “hacer”
Analizar el concepto de “administración”, obliga a adentrarse no sólo a lo interno de realidades cuya esencia toca necesidades e intereses de toda índole. Igualmente, insta a pulsar la peculiaridad de las ciencias sociales y de la teoría política. Particularmente, por razones que llevan a su ejercicio de institucional o empresarial, a infiltrarse en lo profundo de cuantos compromisos y actividades tenga que abordar.
No hay duda al asentir que Administración es más que un concepto. Es una vivencia que se desarrolla en la medida que su praxis invita a adentrarse en lo profundo de la vida. Sobre todo, al reconocer que la administración, sin extravío del sentido expresivo, es la vida misma.
Desde luego, el desarrollo propio que el tiempo ha permitido al oficio administrativo, le ha configurado una nueva perspectiva. Fundamentalmente, de naturaleza práctica y de enseñanza. No obstante, el interés por el estudio de la “administración” como disciplina social, política, económica -incluso científica- ha estado presente desde mucho tiempo atrás.
Fecundos estudiosos han contribuido a su estudio como ciencia, Inclusive, como técnica y arte. En su desarrollo, hubo participación intelectual y operativo de estudiosos y obsesionados por lograr objetivos declarados de la administración: sus contenidos y alcances. Entre otros, pudiera mencionarse a Charles Babbage, Robert Owens, Elton Mayo, Herbert Simon, Charles-Jean Bonnin, Florencio González y José de Canga Argüelles. Sobre todo, estos tres últimos cuya influencia en Latinoamérica fue determinante al conocimiento y ejercicio de la administración.
De ellos podría decirse que, partiendo de sus respectivas experiencias, inquietudes, conocimientos y circunstancias, sumadas a las de acuciosos colaboradores y críticos, dieron forma y sentido a consideraciones que terminaron plasmando los primeros desarrollos teóricos y prácticos que asentaron los primeras círculos de debates relacionados con el pensamiento y la ejecución de la administración, en un sentido más inmediato a su esencia.
Administración, disciplina de carácter
La práctica de la “administración”, es bastante remota. Podría decirse que el hecho de que todo ser humano, de alguna forma o por exacta necesidad, asume el oficio de “administrador” de su misma vida, le imprime un importante peso específico a todo lo que concierne a las distintas facetas que pautan el “hacer” (en lo exacto del término). Es así como la tarea de administrar compromete (y hasta garantiza) el éxito de cualquier proceso que se apunte como objetivo, propósito, proyecto o intención.
Justamente, es el foco que mueva al ser humano a desempeñarse a la altura del empeño a concluir lo trazado. Existen textos que refieren cómo antiguas civilizaciones (Mesopotamia, Grecia, Roma, entre otros) consiguieron el logro de sus planes, gracias al buenas prácticas administrativas. No sólo en el ejercicio de sus gobiernos. También, en la construcción de sus edificaciones, caminos, técnicas y modelos de producción. Además, podría decirse que el desarrollo de civilizaciones, naciones y poblaciones repartidas a lo extenso del planeta, dependieron de los criterios de administración empleados.
Cecilio Acosta, estudioso de excepción
Justo, a esta altura de la disertación, cabe el análisis de la Dra. Julia Alcibíades, quien en su calificada investigación “Cecilio Acosta y el por qué de la Administración” publicada por la reconocida revista “Novedades y Antigüedades en Filosofía”, Año V, No 41, Marzo 2026, (pp,54-63), exalta al pensador venezolano Cecilio Acosta, quien sin apartarse del conflicto que conllevaba Venezuela en el siglo XIX, supo interpretar los problemas administrativos que trababan el avance del país.
Julia Alcibíades, enmarca su análisis en la hermenéutica filosófica por cuanto, como método interpretativo, le permitirá del discurso oral y escrito de Cecilio Acosta, indagar cómo comprendía el discurrir político, social y administrativo de la Venezuela de entonces.
De esa manera Alcibíades, situada entre el texto del pensador Acosta y la dimensión existencial de contradicciones y colisiones por las que atravesaba el país, logra traducir el sentido de lo que expone el contexto en que conflictos de los cuales fue testigo Cecilio Acosta. El análisis en cuestión hace que, desde la interpretación del texto, sus consideraciones sean liberadas de la historicidad y prejuicios que tienden a aprisionar el carácter interpretativo de los hechos en su esencia.
Este método de análisis, va a permitirle a la investigadora, adquirir la conciencia de la realidad medida con base en la historia y el devenir. Es decir, “(…) la temporalidad futura ponderada desde lo sedimentado, desde el haber sido una de las dimensiones que caracteriza las profundas reflexiones de Don Cecilio Acosta” (Ibídem, p. 55).
Es así que, al construir un diálogo con el desarrollo histórico expuesto en las ideas de Cecilio Acosta, la Dra. Alcibíades rescata la posibilidad de armar una relación entre “(…) asuntos y problemática que nos preocupa en nuestro tiempo (…)” para así -auxiliada en la hermenéutica- situar al ser humano “(…) como viviendo siempre proyectado hacia el futuro” (Alcibíades, J. Al citar a Ricceur, P. (2003) El conflicto de las interpretaciones. Ensayos de Hermenéutica. Buenos Aires, FCE, Argentina. Alcibíades).
No cabe duda en la capacidad intelectual de Cecilio Acosta para convertirse en el reconocido pensador destacado en el contexto de una realidad que se batía entre los propósitos de independencia y criterios republicanos. Razón ésta que le permitió trazar el pensamiento humanista y liberal que lo caracterizó en medio de la tensa situación que Venezuela vivió a mediados del siglo XIX.
No cabe duda que la inquietud de Acosta, apuntaba a considerar la administración: disciplina del “hacer”.
