“Administración”, disciplina del Desarrollo (Última parte)
Continuar con la disertación iniciada en la última entrega, busca resaltar algunos problemas que afectan la praxis administrativa. De manera que a los fines de destacar algunos señalamientos dirigidos a cuestionar el grado de incongruencia que signan problemas de “administración” de países consumidos por inconveniencias del desarrollo presumido, pudieran señalarse los siguientes problemas que, a juicio propio, provocan un fuerte impacto a dicho respecto:
Las realidades dejan ver una “administración convencional” que prioriza criterios métricos que exaltan indicadores “fríos” como el PIB. Esta razón es suficiente como para “juzgar” el alcance de la gestión administrativa cuyo discurso difiere de la praxis la cual no siempre se ajusta a las dinámicas socioeconómicas actuales.
Estas realidades, muestran situaciones enmarcadas por empresas que explotan recursos de cualquier clase o naturaleza, sin reparar en externalidades sociales. Ello ocurre a consecuencia de una enseñanza dirigida a preferir problemas de acumulación capitalista. Esto, lejos de enseñar la “administración” como una herramienta de transformación social. Más, cuando su ejercicio la advierte como una clara “función social”.
La “administración” comúnmente ejercida, suele presentarse como válidamente “técnica” y “apolítica”. Cuando en realidad, sus esquemas replican patrones de “poder” desiguales. Esta propensión la acusan empresas que, amparándose en supuestos criterios de “austeridad”, sus objetivos son pautados -hipócritamente- en nombre de “la eficacia, la gerencia estratégica y la eficiencia”. (Crasa contradicción)
Las universidades tienen buena parte de la responsabilidad de que la “administración” se muestre reacia a cambios que la conduzcan a ser palanca del desarrollo. Las universidades siguen justificando programas de estudios enfatizados en teorías administrativas clásicas sin cuestionar sus propósitos respecto de su incompatibilidad e impotencia para actuar en situaciones colapsadas por la desigualdad, crisis laborales, colapsos organizacionales, administración de procesos de producción inconsistentes, etc.
Enseñan “cómo» maximizar ganancias. Pero no, «cómo» integrar recursos, costos y capacidades en aras de sensibilizar objetivos que establezcan formas administrativas capaces de reducir desigualdades sociales o deformaciones económicas que afectan al bienestar colectivo.
Esta situación inhibe la posibilidad de diseñar modelos educativos que respondan a la necesidad clamada de contar con una formación administrativa que entienda y atienda las exigencias de las economías emergentes y los desafíos globales.
Finalmente, vale manifestar que alrededor de estas líneas cuyo contenido es expresión de la preocupación que docentes universitarios y administradores en ejercicio, sostienen ante el desfase teórico que padecen las economías emergentes.
Estas manifestaciones, igualmente, buscan alzar críticas al modelo educativo tradicional que siguen configurando planes de estudios y programas de asignaturas apegados a una visión ortodoxa de la “administración” como si el producto académico o profesional, fuera a ser aprovechado en realidades dominadas por las circunstancias que dominaron el mundo de la “administración” en tiempos decimonónicos.
Las universidades que suscriben programas de formación de profesionales en el área administrativa, generalmente, no satisfacen las exigencias actuales de la sociedad a la cual vincula su destino institucional.
Este problema se arraiga en la medida que la estructura económica, sobre la cual se deparan importantes objetivos universitarios, no se expanda y para lo cual se necesita un proceso de industrialización que se vincule en forma, sentido y propósito a la enseñanza universitaria.
De no comprenderse los problemas que pudieran afectar a la “administración” dado la magnitud de su pertinencia a todo nivel, condición y situación, los administradores en ejercicio corren el riesgo de reconocer que sus procesos de formación habrían sido en vano respecto a los proyectos e ilusiones que avivaron las expectativas propias de todo universitario.
Pero el mundo, es otro. Distinto del que cuaja absurdas entelequias. Se ha entrado en una era donde los fundamentos de toda tecnología, reposan en los principios de la “administración”.
Por tanto, la innovación se convirtió en cimiento de empuje e impulso cognitivo. Razón suficiente para asentir el compromiso que ha de jugar la “administración” en todo momento del correspondiente avance social, político y económico. Es esta la consideración que valida destacar el ideario que se instituye al calificar a la “administración”, disciplina del desarrollo.
