Por qué la transición se estancó en Venezuela
Consideren dos cuadros de Venezuela. En el primero, el dictador que gobernó el país durante diez años fue derrocado por los Estados Unidos y ahora se encuentra tras rejas. Gobierna una presidenta interina que, por presión de Washington, impulsa cambios que hace pocos meses parecían imposibles. Cientos de presos políticos han sido liberados; funcionarios emblemáticos del régimen, detenidos o desplazados de sus cargos. Medios antes acomodaticios lanzan críticas abiertas al Gobierno y opositores que llevaban meses en la clandestinidad reaparecen y declaran ante las cámaras sin ser arrestados. La represión disminuye, en las calles vuelven a verse protestas, el Congreso aprueba leyes para abrir la economía.
Y la Casa Blanca, que ahora controla los ingresos petroleros y tiene poder real para forzar una transición política, promete que el plan iniciado con el derrocamiento culminará con unas elecciones presidenciales.
En el segundo cuadro, todo es igual y, a la vez, distinto. El dictador que gobernó el país durante diez años fue derrocado por EE UU, pero la estructura del régimen permanece intacta. Los principales represores siguen en sus cargos o han sido sustituidos por personajes igualmente reprensibles, mientras son reubicados en otras posiciones de alto rango. La dictadura preserva un control férreo sobre instituciones como el Tribunal Supremo, el Consejo Nacional Electoral y la Asamblea Nacional. Las cárceles continúan albergando a cientos de presos políticos y se observan rebrotes ocasionales de represión, con voces influyentes del oficialismo advirtiendo en público que «el receso está por terminar».
Y a la Casa Blanca no parece importarle demasiado que la presidenta interina se mantenga en el poder, siempre y cuando obedezca........
