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Cuando la tierra tiembla y una nación descubre sus propias grietas

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30.06.2026

Hay dolores que ninguna cifra alcanza a describir. El sufrimiento de quienes perdieron a un hijo, a una madre, a un hermano, a un amigo o a un ser querido es irreparable. Las viviendas pueden reconstruirse, las carreteras pueden volver a levantarse y las ciudades pueden sanar sus heridas materiales, pero la ausencia de quienes partieron permanecerá para siempre en el corazón de sus familias.

Los dos terremotos que estremecieron a Venezuela el pasado 24 de junio dejaron al descubierto nuestra fragilidad humana. Ningún país está completamente preparado para enfrentar un doble evento sísmico de semejante magnitud, y mucho menos cuando ocurre en un contexto de profundas dificultades económicas y sociales. La naturaleza no distingue ideologías, clases sociales ni posiciones políticas; nos recuerda, con crudeza, que todos somos vulnerables.

Hoy, el sentimiento que embarga a millones de venezolanos es el dolor. Dolor por las vidas perdidas, por las familias separadas, por quienes aún buscan a sus seres queridos, por aquellos que quedaron sin hogar y por quienes tendrán que comenzar nuevamente desde cero. Lo material puede recuperarse con trabajo, esfuerzo y tiempo; las pérdidas humanas, en cambio, son irreparables.

En medio de tanta tristeza también ha surgido lo mejor de nuestra condición humana. Quiero expresar mi más sincero........

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