Que vienen los presupuestos
Que vienen los presupuestos
En medio de esta penumbra administrativa, una declaración de intenciones siempre funciona como una vela encendida. Calienta poco, pero acompaña
Escucha el artículo. 2 min
Escucha el artículo. 2 min
Más artículos de la autora
María José Fuenteálamo
Ha dicho María Jesús Montero que es «plenamente constitucional» haber hecho «una prórroga presupuestaria». ¿Una? Sí, sí. La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda lo ha repetido tres veces en singular: «Una prórroga». Como si no fueran tres: 2024, 2025 y 2026. Porque estamos en marzo de 2026 ... y seguimos viviendo –como en esas novelas donde el tiempo se queda detenido en una habitación cerrada– con el presupuesto de 2023, prorrogado.
También ha dicho Montero que ella prefiere «cien veces tener presupuesto». Menos mal: en medio de esta penumbra administrativa, una declaración de intenciones siempre funciona como una vela encendida. Calienta poco, pero acompaña. Yo la creo. Ahora sabemos lo que prefería Montero. Que no es lo mismo que lo que tenemos.
Nos da también cierta paz que asegure que prorrogar presupuestos durante tres años sea constitucional. De serlo –que no lo sé– lo es por la buena fe de los padres de la Carta Magna, que jamás imaginaron un carajal de estas dimensiones. Las excepciones se contemplan para evitar los bloqueos. Lo que no consideraron es que el bloqueo presupuestario podría instalarse sin excepción.
También ha dicho Montero que «en este momento, si vemos una oportunidad para presentar presupuesto, yo animo a que se presente». Le ha faltado decir 'ventana de oportunidad' –ese anglicismo de despacho con vistas– y, sobre todo, le ha faltado hablar en primera persona. Como si las cuentas del Estado fueran una novela coral y no una responsabilidad con firma y sello. Como si el Gobierno fuera un narrador omnisciente que observa, pero no actúa.
En algún momento ha hablado Montero de un retraso de una semana. Yo para eso no me pongo. Una semana no es nada cuando llevas tres años. Eso ni es retraso ni es nada. Luego ha explicado que se debe –el retraso, el de una semana– a que hay que presentar medidas para hacer frente a la crisis económica que ha traído Irán. Pero lo inquietante es que no sabemos sobre qué números se apoyan esas decisiones.
Lo peor ya no es cuándo tendrá este país unos nuevos Presupuestos –esa ley de leyes, ese esqueleto que sostiene el cuerpo entero de la política–. Lo peor es otra cosa, más intangible y más grave: que ya nadie se cree a Montero. Afirma la de Hacienda que los Presupuestos ya vienen y los demás hacemos como quien oye llover. Es así, como un día, como en el cuento de Pedro y el lobo –otro al que dejamos de creer–, dirá que los Presupuestos ya están aquí y no le haremos ni caso. Quizá nunca llegue ese día y quizás a ella es a la que más le interese que así sea. Porque como lleguen, con la de concesiones que tiene que hacer su jefe, de sobra sabe la de Hacienda que a la primera a la que van a devorar es a ella misma. No es que los ciudadanos no vayamos a acudir en su ayuda, como los vecinos del cuento, sino que ya no se podrá hacer nada por salvarla.
Presupuestos Generales del Estado
