Escribano & Moncloa, fin de esta UTE
Escribano & Moncloa, fin de esta UTE
Si creen que a Sánchez no le interesa la Defensa, miren cómo ha tratado al ya expresidente de Indra
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María José Fuenteálamo
Cuando en noviembre de 2024, el Gobierno de EE.UU. fichó a Elon Musk, Trump se vio ante un brillante win-win. De empresario a empresario, no le encontraba ni una sola tacha a su nueva UTE. Su objetivo mundial era ganarle la carrera ... tecnológica a China y necesitaba a los mejores. Él había fichado a Elon. Los primeros meses de noviazgo, siempre tan ciegos. El idilio duró menos de un año: el tiempo que tardó el presidente en darse cuenta –parece mentira– de que ciertos empresarios son ingobernables. A posteriori la pregunta parece tonta: ¿en qué momento creyó Trump que Musk se iba dejar manipular? En la misma línea se flagelan estos días en Moncloa ante el recién dimitido presidente de Indra. Mientras suspiran aliviados por su salida –lo que ha costado–, no encuentran explicación a su entonces húmedo y ahora seco sueño de rápido crecimiento en Defensa.
Hay algo de injusticia en que Escribano haya tenido que abandonar así Indra, cuando desde el principio no se vio mal la fusión de su empresa con el grupo participado por el Estado. ¿Por qué la estrategia de Moncloa era válida antes y ahora no? ¿Si no era un disparate anteayer, por qué sí hoy? Sospecho que cuando se eligió a Ángel Escribano para presidir Indra demasiada gente (con sueldo público) no aquilató bien no el verdadero valor de Indra o EM&M –industria de los hermanos Escribano–, sino el perfil del hijo del tornero. Ahí donde muchos intuyeron un peón resultó haber un león. Quizá de todos los hombres que se han atrevido a plantarle cara a Sánchez, Ángel Escribano sea el que le ha sostenido la mirada con la frente más alta. El empresario no se ha comportado como un subordinado del presidente, sino como un par. Al fin y al cabo, son ambos hombres hechos a sí mismos que escriben cartas sentimentales cuando los negocios de la familia se complican. O sería mejor decir cuando los negocios de la familia llegan al debate público. Y así, nos queda la duda: ¿Está bien o mal facturar más al calor de la administración pública? ¿O lo que está mal es que se vea demasiado? Aunque quizá, la verdadera cuestión en la relación Moncloa-Escribano es ¿quién había prometido qué a quién?
La Defensa y la tecnología son, en esta nueva era, el negocio de los negocios. Al contrario de lo que él promulga en foros internacionales, no es tan cierto que Sánchez no quiera invertir más en ella. Lo que no quiere es invertir en la nuestra. La suya es otra cuestión. Su 'No a la guerra' es selectivo. Donde vea un enemigo no escatimará recursos -públicos, incluso- hasta tumbarlo. Como Trump con Musk: sólo te quiero mientras me convienes, pero, sobre todo, mientras no actúes sin mi permiso. Pues eso, si creen que a Sánchez no le interesa la Defensa, miren cómo ha tratado al ya expresidente de Indra. Ahí queda el aviso a los futuros Escribanos. Fin de esta UTE.
Palacio de la Moncloa
