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¿Quién se ha comido tu smash burger?

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03.03.2026

¿Quién se ha comido tu smash burger?

Es realmente una hamburguesa con mucha menos carne, sólo que te la cobran igual. O más cara. Allá cada uno con su bolsillo

Escucha el artículo. 3 min

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María José Fuenteálamo

El verdadero origen de la hamburguesa se diluye en la historia de los tiempos de la gastronomía mundial. La principal hipótesis habla del Rundstück warm, carne picada entre panes que se comía en la ciudad alemana de Hamburgo. Las prisas –por el fabricar, por el ... comer– de la industrialización hicieron más que popular aquel 'hamburg steak' en Nueva York a finales del siglo XIX. Cortesía de la inmigración. Bastante antes, los mongoles picaban carne y la dejaban aplastar en sus caballos en sus largas travesías. De ahí el filete tártaro.

'Fast food' en todas sus versiones, expandida por el mundo por grandes cadenas, la hamburguesa es hoy un clásico de la cocina de EEUU –y de medio mundo–. La primera hamburguesería llegó a España recién estrenados los años 80. De las veganas a las más gourmet, se reinventa cada día. Y lo que nos queda. De ahí, sólo hay una cosa que podemos concluir: la hamburguesa, carne picada aplastada, ya estaba inventada. Parece una obviedad, pero no lo es. Porque aquí nos ha llegado la 'smash burger'. Lo más top de la hamburguesa ahora mismo. Lo más de lo más en el bocado cárnico. La 'smash burger', es realmente, una hamburguesa con mucha menos carne, sólo que te la cobran igual. O más cara. Allá cada uno con su bolsillo. Pero es como si vas a la Vega, pides 'arròs' con costra y sólo te sirven la costra. Luego te explican lo de la reacción de Maillard. Que lo churruscadito es lo bueno. Pobre hombre, Maillard, haces un descubrimiento brutal y tu apellido se convierte en sinónimo de reduflación: te dan menos por lo mismo. Con buen marketing la cosa se convierte en un negociazo. No es ironía. Miren las calles y las recomendaciones. Es la última revelación gastronómica. El postureo y ¿la innovación en la técnica?

A diferencia de la original, la 'smash' sí tiene fecha y punto concreto de invención: la hamburguesería Dairy Cheer, en Ashland, Kentucky. En ella, el cocinero aplastaba las hamburguesas sobre la plancha con una lata de judías. Lo que nos gusta un relato en la neogastronomía.

Cada vez que leo el término no puedo evitar pensar que estamos ante uno de los inventos más falsos de nuestra sociedad contemporánea. Yo entiendo que todos tenemos algo de adanistas. Pero ¿reinventar la hamburguesa? En el fondo, que el mercado haga lo que quiera. Pero como profesional de las palabras, lo que más me intriga es el término. La podían haber llamado 'Re-Smash burger'. Como los Re/Done de Levi's. Pero no. 'Smash burger', con todo el descaro.

Si nos ponemos puristas, habría que llamarlas 'air burger'. Lo sé porque las he probado. Están, cierto, más aplastadas o reaplastadas, como cuando los niños necesitan estirar y estirar la plastilina para que les cunda más. Por eso son tan finas que en muchos bocados comes aire con un poco de carne. Como una tortita de camarones superroñosa. Pero peor. He degustado 'smash burgers' con caladitos. Hamburguesas con vainica. Ojo, que ahí está la gracia, en la puntillita. Hay sitios en los que te ponen dos. Supongo que, más que nada, para que no se queje el comensal. Te lo venden como un alarde de la cocina, pero en el fondo, te estás comiendo la hamburguesa del Ozempic. Sólo te satisface si no tienes hambre.

La smash burger es como vender agua mojada. No doy ideas. O sí. Como ya no somos capaces de inventar nada nuevo, ficcionamos como que sí. Si aún no has fundado nada viejo, otro lo está haciendo por ti. Y así, de lo gastro a la política, nos tragamos novedosos líderes que prometen que nuevas formas. Se aprovechan de que, cansados de lo ordinario, andamos hambrientos de novedades. Aunque nos den más de lo mismo. O menos de lo mismo. Eso sí, aplastando lo existente.


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