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Padres de cafetería

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18.03.2026

Entre la nostalgia del padre autoritario y la tentación de prescindir completamente de él, los niños de hoy siguen necesitando tener un padre

Hay algo entre muy triste y muy tierno en un padre divorciado con dos niñas preadolescentes intentando serlo en un Vips un martes cualquiera por la tarde. Los refrescos a medio acabar, los deberes de matemáticas abiertos sobre la mesa, un móvil que vibra de vez en cuando. Él explica algo, una de las niñas escucha, la otra mira distraída los cubitos de hielo derritiéndose en su vaso. No parece una escena importante. Pero lo es. La paternidad de muchos está llena de momentos así: padres intentando serlo en tiempos prestados. En fines de semana alternos, parques, trayectos en coche o cafeterías.

Pero, en medio de tantas transformaciones sociales, ¿para qué sirve hoy un padre? Porque la verdad es que el padre está en crisis. Massimo Recalcati señala con razón que se ha debilitado el «nombre del padre», la figura simbólica de la ley y el límite. El padre patriarcal, distante y vertical, ha perdido legitimidad. Pero de ahí no se sigue que la función paterna haya desaparecido. Más bien ocurre que cuanto más se diluye su forma tradicional, más visible se vuelve su necesidad.

Esto se percibe con especial claridad en contextos de carencia. Las familias que acogemos niños lo sabemos bien. Allí donde ha habido abandono, negligencia o violencia, los niños reclaman algo muy básico: pertenecer. Ser hijo de alguien. No piden solo comida o techo. Lo que tienen es sed de una estructura de relaciones donde alguien ocupe ciertos lugares: el de la madre, el del padre, incluso el de los hermanos. Como si existiera una huella antropológica profunda que empujara a los niños a buscar esa........

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