El presidente ha muerto
El presidente ha muerto
Los líderes políticos, como los hombres guapos y las mujeres hermosas, tienen sus años de vida, y lo que viene después son leches hidratantes y la cirugía estética que los convierten en figuras de cera
Javier Gómez de Liaño
El 22 de diciembre de 2025, Gabriel Albiac anunciaba en 'El Debate' una verdad elemental y profunda: «El presidente es ya un cadáver. Él no lo sabe. No quiere saberlo. Y hará inmolar, en torno a su grandiosa pira funeraria, a la más alta cifra de sus fieles». Un mes antes, en esta página, y con el título 'La agonía del presidente', escribí que Pedro Sánchez, en su fuero interno, sentía que el final no estaba lejos y que la voz 'dimisión' se oía incluso dentro del partido, donde algunos decían que era un rey Lear sin más familia que un hermano y una cónyuge imputados. Y, encima, embriagado de esa rabia y esa furia que siempre le han producido aquellos que le llevan la contraria.
Quienes conocen bien a Pedro Sánchez lo definen como un ser unidimensional que está dispuesto a culminar su proyecto o estrellarse con él antes de retirarse de la circulación, lo cual se deduce de aquella carta que el pasado 4 de enero dirigió a los compañeros socialistas, avisando de que no iba a cejar en el empeño y que su propósito era seguir hasta 2031. No obstante, mi opinión es que si Pedro Sánchez no se va es porque está insatisfecho de sí mismo y que la resistencia a irse y el anhelo de perpetuidad dan la medida de su fracaso interior. Y es que, si examinamos con detalle al personaje, la conclusión es que el presidente ha entrado en ese proceso del político autista que se considera fundamento y razón de todas las cosas. Pedro Sánchez está en levitación, y una especie de........
