¡Cuidado Irán! Trump admitió que está en Guerra. El golpe al corazón de la gente
La guerra que Trump ha reconocido sin rubor el viernes 3 de abril — «Estamos en guerra» , dijo— ha empezado matando lo más sagrado. Al apuntar a los líderes, no buscan solo descabezar un gobierno; buscan la orfandad del pueblo. Quieren que la gente se quede sola, sin la mano que organiza el pan, la medicina o la seguridad. Es el diseño del desamparo: dejar a millones de familias a la intemperie, como quien arranca el techo de una casa en medio de la tormenta.
Cuando un misil estalla en una escuela de niñas, lo que vuela por los aires es el futuro. Allí no hay soldados, solo niñas descubriendo el alfabeto. El mensaje es una tortura psicológica: «Ni siquiera tus hijos están a salvo». Quieren que los padres vivan con el alma en un hilo.
Es la barbarie que no necesita electricidad para quebrar el espíritu; le basta con el rastro de cuadernos chamuscados entre los escombros.
La ignorancia armada de avaricia
Hay una ceguera cruel en los ataques a universidades y hospitales. Irán no es un punto en un mapa; es la tierra que nos enseñó el oficio de ser médicos. Hace 1,500 años, mientras el mundo caminaba a oscuras, los persas fundaron la Academia de Gondishapur, el primer hospital real donde la ciencia se aprendía al pie de la cama del doliente. (El primer Hospital Universitario de la Historia)
Pero la maestría persa fue más allá de la medicina; fue una vanguardia en el dominio de la energía y la materia. Mientras la nación que hoy agrede apenas cumple 250 años de existencia, los científicos sasánidas ya exploraban los límites de la electroquímica. El hallazgo de la Batería de Bagdad es el testimonio más audaz de esa curiosidad: vasos de arcilla con cilindros de cobre y varillas de hierro que, activados con jugos de uva o vinagre, sugieren que hace milenios ya manipulaban corrientes eléctricas para el galvanizado de metales.
Esa «alquimia real» no era magia, era ciencia aplicada para crear una orfebrería de precisión que brilló........
