La soledad de un pájaro
Hay un pájaro muerto en el jardín. Una tórtola. No quise recogerla porque vi que la naturaleza ya se está encargando de la sepultura. El cuerpo está cubierto de tierra. Las hormigas han cavado pequeños túneles. Entran y salen, caminan, laten, cubren lo que aún queda destapado. Un cuerpo muerto que es hormiguero y ciudad. Hogar y alimento. No más de cuarenta gramos de piel y huesos y plumas que siguen siendo materia viva. Aunque no respire.
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La vi por la mañana y unas horas más tarde vi a una tortolita en un muro del jardín. Una tapia bajita, rodeada de veraneras. Estaba sola, con las plumas esponjadas, hecha una bola como lo hacen los pájaros cuando tienen frío. En ese mismo muro, cerca del mediodía, siempre estaba una pareja de tórtolas. Acicalándose, acompañándose, tomando el sol, sacudiéndose las plumas. Las tórtolas son monógamas. Eligen una pareja para toda la vida. Tal vez el cuerpo cubierto de tierra en el jardín es la tórtola que falta en esa escena. Y pensé entonces en el duelo de los animales. En la soledad de los pájaros. Me vi a mí como aquella tórtola despelucada, apagada, descolocada.
Qué........
