Los balones del Presidente
Los sábados en la tarde —como ir a misa los domingos en la mañana— eran la cita infaltable con los amigos de la infancia. La magia no estaba en un computador, una tablet o el último celular; esa felicidad era indescriptible, aquella, la de ver al balón de fútbol con todos nosotros, cerca, uniéndonos y listo para hacer el dueño de una feliz tarde en una calle cualquiera. Todos éramos importantes, al margen del equipo o el marcador final, pero había alguien que lo era más: el dueño del balón. Sobre él recaía, si la tradición se hacía presente o debíamos pensar en otra opción para compartir, la cual siempre........
