La estrategia de Caracol
El anuncio, en un comunicado público, sobre la salida de dos de sus periodistas estelares, por parte del canal con la audiencia más amplia de la televisión abierta en Colombia, ante denuncias en su contra por haber cometido actos de acoso sexual a compañeras de trabajo, ha abierto un intenso debate alrededor de una penosa costumbre arraigada en diferentes ambientes en los cuales se establecen relaciones distorsionadas de poder: el sometimiento de las mujeres por coacción a cambio de satisfacer el placer masculino.
El mediático episodio desató una avalancha de testimonios de víctimas que decidieron dar a conocer sus casos con el fin de quebrar ese infame pacto tácito en un sistema machista, que cubre bajo el tapete los hechos ante la falta de pruebas o pone en entredicho el prestigio personal, los cuales sirvieron para ubicar en el lugar que corresponde a la vergüenza. Largas entradas en X, videos, artículos periodísticos y columnas de opinión, con diferentes perspectivas, se han encargado de proponer una conversación, así a algunos les parezca incómoda, más que necesaria. Nunca, nada, puede ser a la fuerza.
El caso de los presentadores sienta un fuerte precedente en las salas de redacción de los medios de comunicación, generalmente hostiles, y aún más, en otros escenarios, como el sector oficial, tan proclive al intercambio de favores no solamente políticos (el gobierno del ‘cambio’ tiene a once de sus alfiles denunciados por acoso), o a las largas jornadas del personal de la salud, quienes tienen que convivir en espacios que pueden servir para encubrir al victimario, o en la relación maestro y alumno, en la que el desequilibrio deja al más débil a merced del abusador.
El Canal Caracol, hasta el momento, ha hecho un manejo de la crisis dando pasos sobre seguro, anticipándose al golpe lógico que iba a recibir la credibilidad del noticiero, tarde o temprano, en medio de uno de los riesgos reputacionales más complicados de atender. A quienes trabajamos en estos asuntos corporativos es frecuente que nos pregunten por el manual de pasos a seguir, que hay de todas las clases, pero cuya respuesta se circunscribe a respetar el debido proceso, privilegiar la transparencia, dar la cara, pronunciarse en el momento oportuno y comprender que no hay dos situaciones iguales.
Nombrar una comisión externa que profundice con perspectiva de género el caso apunta en la dirección correcta, sin embargo, no se puede quedar en un simple titular para distraer los reflectores. Así lo advierte la periodista y activista Catalina Ruíz-Navarro: “Entender las denuncias de forma holística es lo que permite encontrar patrones estructurales y proponer cambios culturales. Castigar es un último recurso, lo que se necesitan son espacios laborales seguros y justos”.
