… Y el tiple quedó huérfano, expósito
El añoso tiple estaba solo, abatido, recostado en el espaldar de la silla, cerca del patio de la casa solariega. El ambiente estaba impregnado de tristeza y amargura por la ausencia definitiva de quien había sabido pulsar magistralmente las cuerdas de aquel viejo y tierno instrumento musical.
La brisa llamaba a la añoranza y el tiple, viejo y mustio, callaba pues sabía que nadie al acariciar sus cuerdas conseguiría transmitir los suaves, tiernos y exquisitos matices musicales que con maestría sinigual surgían de los dedos de aquel que había tomado el camino de los ausentes, ese que con elegancia y dulzura lograba ligar notas musicales, partituras y estados del alma,........
