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Enhoramala

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19.02.2026

Las vísperas del Domingo de Pentecostés de 1650, festivo del Espíritu Santo, se aparecieron dos hombres en el rancho del cura doctrinero del pueblo de Chanchón, el bachiller Castro, donde su hermana Inés y su sobrina Isabel estaban hilando algodón con doña Manuela Príncipe, una mestiza casada y de buen ver. Cuando uno de ellos, que actuaba como mensajero del otro, quiso entregar un mensaje escrito que Miguel de Vega le envió a doña Manuela, esta reaccionó de inmediato diciendo: “¡no me lo dé!”. Cuando el mensajero porfió en entregarlo, con decisión la mestiza exclamó: “¡Es usted un pícaro! Váyase enhoramala o le voy a dar con un palo”.

Ante la decidida mujer, sola porque su marido estaba ausente, Francisco de la Vega reaccionó airadamente: tomándola de las manos, sacó su daga mientras la amenazaba con cortarle la cara y la lengua. Gracias a la reacción de las otras mujeres, que le agarraron el brazo, y a la reconvención de Miguel de Vega por las desvergonzadas palabras que gritaba el energúmeno, nada más ocurrió. Hasta que vino posteriormente el protector de naturales de la provincia de Vélez para abrir la causa judicial, y después de oír a los testigos ordenó prender al ofensor y embargar sus bienes, pues era un tiempo en el que la real justicia de su Majestad no dejaba agravio sin castigo.

Moriría por saber qué decía el mensaje, pero es imposible saberlo porque nunca fue entregado a su destinataria. Pero, conociendo a los de mi sexo y a los hispanos de corazón, podría jurar que era una solicitud de amores a una mestiza de buen ver, probablemente hija de una hermana del cacique guane de Chanchón con el segundo encomendero, Sebastián Quintero Príncipe. El vigor híbrido del mestizaje produce bellos ejemplares, y ella descendía por la línea de su supuesto padre de una familia conocida de Palos de la Frontera, cuyos miembros estuvieron en la fundación de Popayán, Pamplona y Vélez. Desgraciadamente, las historias interesantes no dejan huellas documentales suficientes, pero nos queda el recurso de la imaginación domada para divertir un poco la vida cotidiana.


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