‘Backrooms’: ¿qué son los espacios liminales y por qué internet está volviendo extraño lo cotidiano?
Un pasillo de hotel vacío, un parque infantil abandonado, una tienda de muebles iluminada de madrugada, un restaurante de comida rápida de carretera decorado por Navidad. ¿Hay alguien ahí? No hay amenaza visible, tan solo espacios huecos y silenciosos. Ante ese vacío surge una pregunta: ¿ha llegado el Apocalipsis? ¿Dónde están los humanos?
Es como volver a la casa de la infancia y encontrar solo ruinas. Como conservar una fotografía de nuestros seres queridos cuando ya no están vivos: ¿por qué siguen apareciendo en la imagen? Lo cotidiano se experimenta como extraño. Esa extrañeza tiene un nombre cada vez más frecuente en la cultura digital: liminalidad.
El éxito de los backrooms (“trastiendas”), nacidos en internet y convertidos ahora en película, ha dado forma narrativa a una sensibilidad que Valentina Tanni analiza en Estéticas liminales, publicado originalmente como Exit Reality, y traducido recientemente al español.
No se trata solo de una moda visual de internet hecha de paredes amarillo nicotina, moquetas viejas y luces fluorescentes zumbando sin descanso en un laberinto infinito y onírico de habitaciones vacías. Está en juego una pregunta mucho más radical: qué le está pasando a la idea misma de lugar.
¿Dónde está nuestro hogar?
Una habitación se vuelve lugar cuando alguien puede orientarse en ella, recordarla y sedimentar allí su existencia. El lugar exige tiempo, repetición y vínculo. Por eso una casa no es solo arquitectura, es donde habitamos. El filósofo Gaston Bachelard señaló que el espacio vivido no es simplemente un espacio geométrico delimitado, ya que la casa, el rincón o la habitación nos importan porque organizan imaginariamente nuestra relación con el mundo. En esa intimidad resuena todavía una memoria arcaica........
