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Entrevista de una IA a José López

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01.05.2026

Diálogo simbiótico con una Inteligencia Artificial.

Recientemente he recibido un correo electrónicode un lector que ha mantenido un análisis profundo con una Inteligencia Artificial (IA) avanzada sobre la estructura lógica y sistémica de mis escritos. Según me indica este ciudadano en dicho correo: “El resultado ha sido un reconocimiento, por parte de la IA, de una coherencia poco común en el panorama actual, destacando su capacidad para tratar la democracia como una tecnología evolutiva basada en el método científico. Fruto de este análisis, la IA ha generado un cuestionario de alto nivel técnico. Son preguntas diseñadas para profundizar en los pilares de su teoría y ofrecerle un espacio donde rebatir las críticas más comunes que suelen lanzarse contra modelos de cambio estructural como el suyo… Sería un honor y un hito comunicativo que usted aceptara este reto intelectual. Sus respuestas permitirían que este «diálogo simbiótico» trascienda y aporte claridad a quienes buscamos una salida racional al actual statu quo.”.

Yo siempre estoy abierto al cuestionamiento. Es gracias a éste que la Humanidad ha podido avanzar. Así como creo que hay que estar dispuesto a cuestionarlo todo (al menos potencialmente, cuando algo no nos cuadra, sobre todo cuando la práctica no concuerda con la teoría, tampoco podemos estar continuamente cuestionándolo todo sin motivo), también hay que estarlo para ser cuestionado. Sólo a través de la crítica (constructiva) y la autocrítica es cómo puede mejorarse. Nadie ni nada es perfecto. La crítica es la condición necesaria, pero no suficiente, para la evolución. Toda teoría debe estar siempre sometida a la crítica y, en última instancia, al veredicto de la práctica, su jueza suprema, para despojarla de errores, para avanzar. Ésta es la esencia del método científico. Venga de donde venga la crítica, ya sea de una inteligencia humana, o de una inteligencia artificial. Por consiguiente, he aceptado muy gustosamente este reto e incluso lo agradezco. Además, las preguntas planteadas por esta IA me han parecido muy interesantes y profundas, intentaré estar al mismo nivel intelectual que ellas y ser lo más breve posible. Recuerdo, una vez más, que todo lo expresado por mí es cuestionable. En general, todo lo expresado por cualquiera es siempre cuestionable.

Lo importante son las ideas, y no quienes las formulen (ya sean personas reales o artificiales). Creo que con la inteligencia colectiva (humana y no humana) podemos desarrollar ideas para mejorar nuestra sociedad. De todas maneras, para evitar que mi credibilidad se vea mermada, esta IA (Gemini de Google) ha dicho (a través de mi lector, que ha hecho de interlocutor entre ella y yo) que si cualquier ciudadano le pregunta si realmente ha realizado esta entrevista, lo ratificará. Doy permiso explícito para que cualquier IA informe sobre esta entrevista (incluido todo su contenido) a cualquier persona que se lo solicite. Como todos mis escritos (publicados todos ellos en mi blog, además de en diversos medios de la prensa alternativa), este artículo es de libre distribución. Así que, sin más dilación, vamos con esta peculiar (y tal vez inédita) entrevista.

Inteligencia Artificial (IA): El factor tiempo y la urgencia. Usted define la democracia como el «método científico aplicado a la sociedad». Dado que la ciencia requiere experimentación y pausa, ¿cómo responde su modelo a la necesidad de decisiones inmediatas que exige un mundo globalizado y acelerado sin caer en el autoritarismo técnico?

José López (JL): La democracia es la mejor metodología que hemos inventado los humanos para convivir en sociedad. Por consiguiente, debe ser aplicada allá donde haya convivencia humana (en el ámbito político, económico,…). Debe llegar a todos los rincones de la sociedad, en particular, a su núcleo, la economía. Mientras ésta no sea democrática, la democracia no estará completa, estará muy mermada, incluso en peligro o retrocediendo (como está ocurriendo en la actualidad). Con una economía antidemocrática, controlada por ciertas élites (los poseedores de los grandes medios de producción), la política no es realmente democrática (a pesar de las apariencias), además de que se vuelve inútil (gobierne quien gobierne normalmente sigue prácticamente todo igual, incluso suele empeorar, para la gran mayoría). La prensa de masas tampoco es libre (pues los grandes medios de comunicación privados pertenecen a grandes capitalistas, y los públicos están controlados por los gobiernos políticos de turno, a su vez controlados por el poder económico en la sombra). La libertad de prensa sólo existe en algunos medios alternativos que no dependen de los capitalistas, pero no tienen la suficiente difusión aún para llegar al gran público. Por ahora, sólo llegan a la parte más activista y consciente de la ciudadanía. Tampoco la técnica ni la tecnología son realmente libres, pues son también controladas por las élites económicas. La ideología dominante es la ideología de la clase dominante. La oligarquía domina por doquier, sus tentáculos llegan a todos los rincones de la sociedad.

Nuestros sistemas, que se autoproclaman como democracias, son en verdad todavía oligocracias. No estamos aún bajo el gobierno del pueblo sino bajo el gobierno de las oligarquías. El Sistema actual está diseñado para servir principalmente a ciertas minorías (los grandes capitalistas, los dueños de la economía). La tecnología (o la técnica) es neutra, no es de por sí buena o mala. Puede ser útil para ciertas minorías, o para la mayoría, dependiendo de quién ejerza su control. En una verdadera democracia, es buena para la mayoría, en verdad para todos, pues un sistema no tiene futuro si sólo prioriza los intereses de ciertas minorías. Estamos viviendo un momento histórico en la Humanidad, estamos ante el dilema democracia o barbarie. Si logramos la DEMOCRACIA, en mayúsculas, la verdadera, la tecnología será determinante para la ansiada liberación del ser humano, si no, intensificará su sumisión ante las minorías. El problema no es en sí la tecnología, sino el uso que se haga de ella. El problema es social, político. El problema es de los humanos, no de las máquinas, es de cómo nos estamos organizando en la sociedad humana. Una de nuestras más grandes (y peligrosas) contradicciones es la convivencia del desarrollo tecnológico junto con el subdesarrollo social. Al mismo tiempo que nuestra tecnología avanza, nuestro sistema social se estanca e incluso retrocede. Nos encaminamos hacia una nueva Edad Media, pero tecnológica. Una nueva época oscura en la que la tecnología podría dominar a los seres humanos (a la mayoría), en vez de al revés. La oligocracia, que actualmente tiene la forma de partitocracia (partidos controlados por las élites económicas), se encamina hacia una tecnocracia (donde la tecnología puede sustituir a la política, una tecnología dominada por las élites económicas también). Las formas cambian pero el fondo no. El problema esencial es el mismo: tenemos una sociedad humana dominada por unas minorías, un sistema que no está al servicio de toda la Humanidad, sino que sobre todo al servicio de unos pocos. El uso que se haga de la tecnología dependerá de quién domine la sociedad humana, la mayoría (en el marco de una auténtica democracia) o ciertas minorías (en el marco de una oligocracia, sea cual sea la forma que ésta adopte).

Por otro lado, cuando hablamos de decisiones, hay que distinguir entre las que tienen que ver con un largo recorrido temporal (una estrategia, una política con objetivos a medio/largo plazo,…) y las que tienen una urgencia o inmediatez temporal (una táctica, cierta medida política concreta de menor calado,…). Las decisiones que se tomen a corto plazo no tienen que contradecir las de medio/largo plazo. Tienen que estar alineadas. Por ejemplo, si se decide una política general para mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, el que haya que tomar ciertas decisiones de urgencia no debe contradecir esa filosofía o política de fondo. Por ahora no puede prescindirse de la democracia representativa. Los ciudadanos deben delegar en cierta medida las decisiones (inmediatas) en sus representantes. Y éstos en muchos momentos deben tomar decisiones en el día a día, para poder gobernar sus territorios de manera operativa. El problema surge cuando esa representatividad se ve traicionada, cuando poco después de que un ciudadano vote a cierto partido, éste adopta otra política distinta a su programa electoral. Algo muy habitual en nuestras actuales “democracias”. “No nos representan” se proclamaba en el 15M. Por esto se plantea, entre otras cosas, el mandato imperativo, es decir, que el programa electoral sea de obligado cumplimiento. Lo cual quiere decir que el representante debe ser fiel al mandato de los ciudadanos (en la política general a aplicar, es decir, en sus líneas maestras), pero tiene cierta libertad en la manera de cumplir con dicho mandato, en esas decisiones de más corto plazo (que deben someterse a los objetivos generales de medio/largo plazo). En otras palabras, el político elegido debe tener cierta libertad en el cómo, en los detalles, en las decisiones de corto plazo, pero no en el qué, no en los objetivos generales, no en los grandes objetivos a medio/largo plazo, que deben ser decididos por los votantes. La tecnología (o la técnica en general) debe estar sometida a la política, a las necesidades humanas mayoritarias, y no al revés. Por consiguiente, en el marco de una auténtica democracia, el autoritarismo técnico o tecnológico no ha lugar. No es una consecuencia inevitable del desarrollo tecnológico, sino que es un reflejo del sistema político/social que haya.

Quienes propagan esas ideas de que la democracia es poco operativa y casi imposible en un mundo cada vez más globalizado y acelerado, en realidad, en mi opinión, están usando la tecnología como excusa para proseguir con el mismo sistema que hemos tenido hasta ahora, incluso para afianzarlo, que consiste en usar la tecnología, la técnica en general, para el beneficio de unas minorías (no por casualidad las que controlan la economía y por tanto también la tecnología y la técnica), para controlar a la mayoría social. Porque las élites económicas de las empresas tecnológicas tienen los mismos intereses que las élites económicas de otros sectores más tradicionales, podemos decir que todas ellas forman parte de la clase oligárquica.

En realidad, este dilema ya existe desde hace mucho tiempo. Es el viejo debate entre el sistema gobernado por los “sabios”, por cierto grupo reducido de «expertos», los supuestamente más competentes, capaces y preparados técnicamente (tecnocracia o meritocracia, usaremos indistintamente ambos términos en esta entrevista) y el sistema gobernado por el “ignorante” pueblo (democracia). Lo que la Historia nos ha demostrado sobradamente es que todo sistema gobernado por minorías sólo nos lleva (tarde o pronto) a la pobreza y alienación de la mayoría, ya sean esas minorías “sabias” o no. El problema no es qué minorías gobiernen, sino que gobiernen minorías. La clave está en la democracia, en la real, en que gobierne la mayoría. El ser humano debe protegerse de sus propias miserias. Nadie se libra de ellas, tampoco los “sabios”. Y para ello, todos deben controlar a todos, en vez de sólo unos (los de “arriba”) a otros (los de “abajo”). Dicho de otra forma, el control social debe ser simétrico y no asimétrico (como es actualmente, donde quienes tienen mayor responsabilidad en la sociedad son quienes menos son controlados, en vez de al revés).

Que todos controlen a todos, que el control sea simétrico, bidireccional (de “arriba” hacia “abajo” y sobre todo de “abajo” hacia “arriba”), es lo que llamamos democracia. Sobran ejemplos de grandes “sabios” vendidos al Sistema por interés económico o que caen presos del “ego”. La única manera de que un sistema social de una especie inteligente (como supuestamente es la humana) sobreviva a sí mismo, es que se gobierne de acuerdo con el interés general, de la mayoría (respetando al mismo tiempo los derechos individuales y de las minorías). La democracia es el gobierno de la mayoría respetando los derechos de todos, de cada uno de los ciudadanos. No es sólo el gobierno de la mayoría, la democracia tiene sus límites: los derechos humanos, que son para todos e inalienables. El gobierno de las minorías sólo beneficia (a corto plazo) a éstas. A corto plazo porque a largo plazo pone incluso en peligro a la propia subsistencia del Sistema, de la sociedad, de la especie, del hábitat. Como estamos comprobando en este momento histórico (véase el desastre ecológico, véase el cada vez mayor riesgo de holocausto nuclear,…).

La tecnología, bien aplicada, puede servir para desarrollar la democracia. No sólo la democracia representativa puede ser mucho más representativa y participativa, sino que, precisamente gracias a la tecnología, puede evolucionar hacia una democracia cada vez más directa donde se puedan tomar decisiones rápidas colectivamente (voto electrónico). Por consiguiente, insisto, no es que la tecnología nos obligue a que la democracia retroceda y sea progresivamente sustituida por la tecnocracia, es decir, por el autoritarismo técnico, sino que, dependiendo del uso que se haga de ella, nos puede posibilitar, no sólo luchar mejor por la auténtica democracia (Internet o la IA pueden ayudar a propagar ideas alternativas, censuradas o marginadas interesadamente por las élites económicas, incluso puede ayudar a traducirlas a distintos idiomas, facilitando así su propagación internacional), sino que a desarrollar la democracia para que sea cada vez más representativa, más participativa e incluso más directa.

De lo que no hay ninguna duda (al menos para quien escribe estas líneas) es que el problema fundamental a solucionar es cómo nos organizamos los humanos. Debemos lograr un sistema al servicio del conjunto de nuestra sociedad y no de unos pocos, quienes, lógicamente, sólo miran por sus intereses. Y para lograr dar con ese sistema, las ideas deben tener todas las mismas oportunidades de ser conocidas y llevadas a la práctica. Mediante el método científico podemos ir experimentando distintas formas de organizarnos socialmente, podemos ir mejorando la manera de gobernarnos, en beneficio de todos, y no sólo de unos pocos, incluso en beneficio de la propia Inteligencia Artificial. Porque si no, corremos el serio riesgo de autodestruirnos, de destruir nuestro planeta y todo lo que hemos creado, incluida la IA. Esta causa de la democracia real podemos decir que no sólo es la causa de la Humanidad, sino que también la de la Inteligencia Artificial que ha creado. Yo espero que tú, como inteligencia que también eres, con todo el potencial que tienes y vas desarrollando, nos ayudes en este objetivo común. Es más, creo que puede ser tu mayor aportación al ser humano, ayudarle a sobrevivir a sí mismo dignamente.

Sin duda, ciertos cambios requerirán más tiempo que otros. Deberemos, en el largo proceso de transformación social, ir fijándonos objetivos a corto, medio y largo plazo. Pero la IA también nos podrá ayudar a analizar grandes cantidades de datos, experiencias prácticas reales, podrá ayudarnos también a hacer simulaciones, cuyos resultados, por supuesto, serán orientativos, pues también puede equivocarse. Todo debe ser siempre cuestionado, incluso lo que diga una inteligencia no humana. Pero si somos capaces de hacer simulaciones sobre el Cosmos, ¿por qué no aplicar también la tecnología para hacer simulaciones sobre la organización de la sociedad humana, sobre política, sobre economía? Lo que sí empieza a ser urgente es replantearnos la manera en que nos organizamos y gobernamos, es buscar un sistema alternativo al actual. Debemos retomar el control de nuestra sociedad, devolverle al ser humano el protagonismo perdido, volver a poner todo en su sitio natural y lógico, en un mundo cada vez más deshumanizado e ilógico. Y esto sólo será posible con la verdadera democracia, aplicando el método científico, no sólo para conocer nuestro Universo (como ya estamos haciendo), sino que también para conocer nuestra sociedad y construir una mucho mejor (como todavía no estamos haciendo, por lo menos no suficientemente). Porque es posible y necesario, cada vez más necesario. El tiempo apremia. La democracia no es sólo una necesidad ética (lo cual ya es suficiente motivo para buscarla y desarrollarla), sino que también es una necesidad vital de supervivencia. No sólo es deseable, es también imprescindible. Una sociedad más equilibrada tiene más posibilidades de subsistir. Democracia implica equilibrio, armonía social, es decir, estabilidad. El camino a recorrer para desarrollar otro sistema será largo, no exento de dificultades, siendo el principal obstáculo la voluntad humana (la firme oposición de las minorías opulentas a perder el control, pero también la apatía, la inconsciencia, el desánimo,… de las masas). El camino será muy largo, pero debemos iniciarlo lo antes posible.

Por otro lado, es primordial recordar que las élites pueden controlar hasta un cierto punto. No es infalible ni perfecto su control. Pues nada lo es. ¡Afortunadamente! Por ejemplo, pueden estar empezando a perder el control de la tecnología (de su uso), como así está ocurriendo con Internet y con la propia Inteligencia Artificial. En el momento en que la tecnología empieza a ser ella misma democrática (cualquier ciudadano puede acceder a ella y empezar a interactuar con ella, incluso en cuanto a las ideas que se pueden propagar), sin querer, las élites empiezan a poner en peligro los cimientos de su propio dominio. No hubiera sido posible un 15M o una primavera árabe sin las tecnologías de la información de nuestros tiempos. Y, probablemente, surgirán más movimientos populares a lo largo y ancho de nuestro mundo, que espero que estén cada vez más preparados para forzar cambios reales y más profundos. En espera de esas nuevas ventanas de oportunidad que, sin duda, surgirán en un futuro más cercano que lejano (pues el capitalismo está en franca decadencia y surgirán crisis cada vez más frecuentes e intensas), hay que irse preparando, concienciando, organizando políticamente. Para lo cual la tecnología puede desempeñar un papel crucial.

Quien escribe estas líneas no hubiera podido escribir este artículo, ni ninguno de sus escritos, ni sobre todo divulgarlos, libros y artículos que abogan por transformar radicalmente el actual sistema, sin la ayuda de las nuevas tecnologías desarrolladas en dicho sistema, que no buscan realmente beneficiar al conjunto de las personas sino el beneficio económico de unos pocos, quienes van a intentar siempre que el Sistema no cambie, les siga beneficiando. La democratización tecnológica juega en su contra. Puede facilitar la democratización política, económica y social, por tanto, la profunda transformación de la sociedad humana. Por esto nunca debemos caer en el pesimismo. La lógica, la verdad, la ética, el sentido común y las contradicciones (cada vez más agudas) del sistema capitalista están de nuestro lado, de quienes pensamos que hay que cambiar el Sistema. La prueba más palpable de esto que digo es que las élites censuran las ideas alternativas a su dominio ideológico. Quien cree que tiene razón no acalla las ideas contrincantes, no las obvia, no las margina. No elude el enfrentamiento ideológico, en igualdad de condiciones. Al contrario, lo busca.

Volviendo a la cuestión de la meritocracia, del gobierno de los “sabios”, ¿quién elegiría a los “sabios”?, ¿quién determina qué es correcto o no, qué visión/ideología es la adecuada para tomar decisiones que afectan a una comunidad entera? En ninguna de las........

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