Transición a la transición, por Fernando Mires
X: @FernandoMiresOl
Hablar de transición en política significa hablar de muchas transiciones pues ninguna es igual a otra. La mayoría de los estudios sobre las transiciones —ya hay algunos «clásicos» como los de Linz, O’Donells, Poulantzas— se refieren a la transición que va desde una dictadura a una democracia.
No me acuerdo bien si fue Gramsci o Trotzki quien dijo que la transición se da cuando aparece una crisis política en la que la clase dominante ya no puede gobernar y la clase dominada todavía no puede gobernar. Trotzki o Gramsci, la palabra «todavía» es aquí importante. Con ello se quiere decir que la clase dominada (en su versión marxista) debía realizar un proceso de reconstitución antes de llegar al poder.
Si esto no ocurría, la crisis podía transformarse en lo que Gramsci (de eso sí estoy seguro) llamaba crisis orgánica, es decir, una sin alternativa política. Cambiemos ahora los oxidados conceptos clasistas de Trotski y Gramsci y digamos:
Venezuela después del 3 de enero, día en el que a la dictadura le fue arrancada su cabeza dictatorial, se encuentra en un periodo en el que esa dictadura no puede gobernar como dictadura y la democracia «todavía» no logra aparecer como democracia.
No es un periodo de transición, pero sí, bajo determinadas condiciones, puede tener lugar un periodo pre-transicional en la perspectiva de una verdadera transición. Por cierto, la llegada de un periodo transicional no es anunciada por los periódicos. Por lo general hablamos de transición cuando esta ya ha culminado. En el trayecto, la transición es solo una posibilidad y, por lo tanto, puede fracasar en cualquier momento.
La pregunta no está de más pues existen transiciones democráticas (de un gobierno conservador hacia uno socialdemócrata o a la inversa). Existen, además, transiciones del autoritarismo a la democracia. Y, sobre todo, existen transiciones de un régimen a otro; de la monarquía a la república por ejemplo o de la dictadura a la democracia (o también de la democracia a la dictadura, como fue la que experimentaron los nicaragüenses con Ortega y los venezolanos durante Chávez y Maduro).
Después de ese listado, podríamos concluir en que, la que no ha tenido lugar todavía en Venezuela después de la extracción de Maduro, deberá ser una transición de un régimen dictatorial a uno democrático cuyas formas y perfiles no aparecen dibujados en el horizonte.
Sin embargo, se engañarán los que imaginen que Trump dio un golpe de estado —sí, eso fue— al extraer a Maduro para instaurar una democracia en ese país. Todos los que hemos seguido los pasos de Trump en el terreno internacional sabemos que a él importan muy poco las formas de gobierno y mucho menos la democracia. El gobierno Trump distingue solamente entre estados fuertes y estados débiles y con los primeros está dispuesto a concertar alianzas puntuales si esos estados aceptan y colaboran con la estrategia norteamericana. Su propio vocabulario lo delata.
Trump no ha pronunciado jamás las palabras democracia o democratización al referirse a Venezuela. Si le hubiera interesado la democratización habría dicho un par de palabras sobre el monumental fraude electoral cometido por Maduro en las elecciones presidenciales de julio del 2024. Habría, además, exigido las actas electorales, y al tenerlas en su mano, habría declarado presidente constitucional a Edmundo González.
Habría, no, por último, buscado contacto con la líder María Corina........
