La pelota sí se mancha: del fracaso de la Finalissima al veto de Trump a Irán
Redactor de Real Madrid.
La pelota sí se mancha: del fracaso de la Finalissima al veto de Trump a Irán
La cancelación del torneo, pese a los esfuerzos de la RFEF y la UEFA, y la amenaza velada del presidente de EEUU a Irán, evidencian el fracaso de la diplomacia en el fútbol
Rafael Louzán, presidente de la RFEF, junto a Claudio 'Chiqui' Tapia, presidente de la AFA. / RFEF
Diego Armando Maradona dejó para la historia jugadas, pero sobre todo frases que sirven para explicar el mundo de la redonda, como él llamaba a su mejor amiga. Por eso fue tan claro el 10 de noviembre de 2001, durante su partido homenaje en La Bombonera: “Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha”. Una sentencia con la que asumía sus errores personales y que quedó como un testamento fiel de lo que fue el Diego. Sin embargo, la pelota no ha dejado de mancharse en los últimos años.
El fútbol está embarrado, como demuestra la amenaza velada de Donald Trump contra Irán, una selección legalmente clasificada para un Mundial en un país cuyo presidente le recomienda no acudir por “su vida y seguridad”. A esto se suma la cancelación de la Finalissima, un duelo que iba a enfrentar a Argentina y España. Un partido más simbólico que jerárquico, pero al que la AFA renunció por motivos dispares según la fuente consultada.
Por un lado, cuestiones económicas, después de que Qatar cayese como sede debido a la inestabilidad del Golfo Pérsico, que en el fondo es un síntoma de un mal global. Por otro, el temor del equipo de Lionel Scaloni a exponer sus debilidades ante el campeón de Europa, a pesar de que a los de Luis de la Fuente les rodea un mar de dudas y lesiones. Mientras la UEFA y la RFEF ofrecieron hasta tres escenarios distintos en busca de igualdad de condiciones, la campeona del mundo se ocultó entre las faldas de su presidente, Claudio Chiqui Tapia.
Maradona durante la Finalissima ante Dinamarca en 1993 / UEFA
La 'Finalissima' de Maradona
Un máximo dirigente cercado por investigaciones judiciales a apenas unos meses del anómalo Mundial de Estados Unidos, con México y Canadá como compañeros en el asiento de atrás. Maradona nunca se calló lo que pensó de él y de su gestión. Con la llegada del Diego a Gimnasia, el fuego se volvió ceniza, pero tener un contrapeso tan fuerte como el ‘10’ en el fútbol argentino servía de frontera. ¿Habría jugado el astro la Finalissima? Ya disputó la Copa Artemio Franchi en 1993 -el precedente y equivalente ante Dinamarca en Mar de Plata-. Nunca habría puesto excusas con los escenarios.
Maradona siempre fue local y visitante a la vez, como en el Mundial de 1990, cuando maldijo a todo el santoral italiano después de que el Estadio Olímpico de Roma pitara el himno argentino ante el ídolo de Nápoles. Ese estadio fue la última alternativa propuesta por la AFA, que puso el 31 de marzo como fecha, apenas unos días antes del Atlético-Barça de Liga. El fútbol perdió así la oportunidad de ver un Lamine contra Messi en el Bernabéu, cancha que los argentinos habrían convertido en territorio amigo.
Porque la neutralidad no existe. Menos aún en un deporte de masas. Lo sabe bien Trump, que ha instrumentalizado el soccer como si se jugase en el mismísimo estrecho de Ormuz. Por eso forzó la foto con Leo Messi en la visita del Inter Miami a la Casa Blanca. También exhibió como un trofeo de caza a Cristiano Ronaldo. Y por eso se permite el lujo, con la connivencia de la FIFA, de decir: “La selección nacional de fútbol de Irán es bienvenida, pero realmente no creo que sea apropiado que estén allí, por su propia vida e integridad física”.
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Un autoritarismo desde el mundo libre que llevó al veto de diez jugadores del jamaicano Mount Pleasant para disputar un encuentro de la Concacaf en Estados Unidos ante LA Galaxy. Mientras una parte de la pelota se esfuerza por hacer diplomacia y buscar soluciones, la otra utiliza su poder para mancharla con un manto de arbitrariedad. Que se lo digan a Adú, un niño de doce años que tiene que ver desde la grada cada fin de semana los partidos de sus compañeros en Tenerife porque la FIFA es incapaz de encontrar una solución -y una motivación- para los menores africanos en situación de acogida o tutelados.
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