Obsesivos
Arranco por decir que a través de LinkedIn he logrado tener 12 años compartiendo mis columnas cada domingo. El tema no es de avión, sino de pilotos.
Y es que hubo un tiempo en que LinkedIn era el lugar donde uno consignaba su experiencia, mantenía algunos contactos y, con suerte, encontraba una oportunidad profesional. Hoy es algo muy distinto que a veces me cuestiona; parece ser una vitrina pública, un escenario y, para algunos, una pasarela.
Basta con recorrer el feed durante unos minutos para encontrar una secuencia estándar: el ejecutivo que se declara “humildemente honrado” por un reconocimiento, el líder que convierte cualquier reunión en una lección de liderazgo, la promoción presentada como una epopeya personal o la anécdota cotidiana transformada en una metáfora sobre resiliencia, propósito y crecimiento exponencial.
Hablando con Carlos, gran amigo, llegamos a la conclusión de que muchos se están cansando. Él me dijo que incluso cerró la cuenta cuando vio que un conocido escribió sobre sus grandes logros después de cambiar el cigarrillo por un vapeador.
Supongo que nada de esto es necesariamente malo y, al final,........
