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Trump está rompiendo la confianza de Norteamérica

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18.09.2026

Donald Trump puede imponer aranceles, exigir nuevas reglas de origen, presionar a México, castigar a Canadá y defender con toda la dureza que considere conveniente su política comercial. Lo que resulta mucho más difícil de entender es que simultáneamente insulte a los mismos países con los que pretende construir una Norteamérica más fuerte. En un video difundido por Milenio se le escucha calificar de “repugnantes” a Canadá y México dentro de una defensa de su política arancelaria. El problema no es solamente la palabra. El problema es lo que revela: una manera de entender las relaciones internacionales donde el aliado deja de ser socio y empieza a ser tratado como subordinado.

Ésa es una diferencia importante. Los aranceles pueden negociarse. Los porcentajes pueden subir o bajar. Las reglas de origen pueden modificarse. Incluso un tratado comercial puede revisarse, endurecerse o adaptarse. La desconfianza tarda mucho más en desmontarse. Y cuando un presidente convierte a sus vecinos y socios estratégicos en destinatarios recurrentes de amenazas, insultos y castigos, empieza a deteriorar algo mucho más valioso que una tarifa: la confianza necesaria para invertir, asociarse y planear a largo plazo.

Canadá ya está reaccionando. La guerra comercial con Washington se ha endurecido y Ottawa responde mientras profundiza aceleradamente su aproximación hacia Europa. Esa reacción no debe confundirse con una ruptura. Canadá no está abandonando Estados Unidos ni podría hacerlo sensatamente. La geografía, la defensa continental, las cadenas automotrices, la energía y décadas de integración económica convierten a ambos países en socios estructurales. Pero precisamente por eso el movimiento resulta tan revelador: Trump quería demostrar cuánto necesita Canadá a Estados Unidos y está consiguiendo además que Canadá descubra cuánto necesita depender menos de él.

La reacción canadiense no se limita al comercio. Ottawa está construyendo relaciones de seguridad, defensa, energía, inteligencia artificial, minerales críticos y cooperación industrial con Europa. Eso significa algo muy concreto: Canadá no rompe con Washington, pero sí empieza a construir más puertas. Y cuanto más impredecible se vuelva la relación con Estados Unidos, más incentivo tendrá para mantener abiertas esas alternativas.

Ahí aparece uno de los problemas centrales del trumpismo internacional: confundir poder con derecho a decidir por los demás. Estados Unidos tiene una fuerza económica y militar extraordinaria, pero esa fuerza no convierte automáticamente a sus socios en subordinados. Un aliado puede aceptar una exigencia........

© SDP Noticias