La calle se levanta… ¿a quién va a arrastrar?
Algo se está desbordando, pero no desde donde tradicionalmente se toman las decisiones. No viene de los despachos, ni de los recintos legislativos, ni de las cúpulas partidistas. Viene de abajo, de ese espacio que durante años fue subestimado, manipulado o simplemente ignorado: la calle. Y cuando la calle comienza a hablar con insistencia, no es por capricho, es porque algo dejó de funcionar.
Lo que hoy se observa en distintas ciudades ya no puede entenderse como protestas aisladas ni expresiones espontáneas sin dirección. Son movilizaciones masivas. Millones de personas en las calles, en distintas ciudades, en distintos países, en distintos contextos… pero con un hilo común: el hartazgo. Son síntomas de un desgaste acumulado, de una inconformidad que ha ido creciendo en silencio hasta encontrar una salida inevitable. Durante años, los partidos políticos prometieron representar, canalizar y resolver. Hoy, para muchos, ya no lo hacen.
Ese vacío no se queda sin ocupar. Nunca ocurre así. La política, como la naturaleza, aborrece los espacios vacíos. Y cuando las estructuras formales dejan de responder, surgen otros actores, otras voces, otros referentes. Lo que resulta significativo en este momento no es solo la intensidad de las movilizaciones, sino quiénes están logrando convocarlas.
Figuras del ámbito cultural, artístico y mediático —cuyo número además no deja de crecer— están asumiendo un papel que no les correspondía originalmente. No porque lo hayan buscado necesariamente, sino porque encontraron un terreno fértil: una sociedad dispuesta a escuchar a cualquiera que parezca auténtico frente a un sistema percibido como........
