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El acecho y la Ley Valeria

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11.03.2026

Parece normal, pero no lo es.

Hoy narro aquí lo que en algún momento viví; lo narro con seguridad y sin miedo. Sobre todo sin culpa, aunque a veces no termina de sanar esa herida.

Era varios años mayor que yo. No sé cuántos, quizá diez. Cuando tienes más de treinta y tu “pretendiente” te lleva diez, parece normal. Dos personas adultas que se conocen, que salen, que duermen en ocasiones juntas. Esto puede ser normal, si es que la “normalidad” es aquello que muchos y muchas aceptan, porque sí, porque está bien, porque es apropiado, lindo…

También se acepta que él te llame todos los días al amanecer. Parece romántico que quiera saber cómo pasaste la noche, si descansaste, si no tuviste pesadillas, si te sientes bien.

Qué emoción, me decían mis amigas, que sea tan galán, que te llame aunque estés trabajando, ocupada cuidando los hijos, que quiera saber si vas a comer en casa o llevarás a los niños al parque.

Aunque yo trataba de poner límites porque me sentía inestable a raíz de mi divorcio, él llamaba cada vez más seguido, cinco veces al día, a veces más, veinte parecen pocas. Si por algún motivo no contestaba de inmediato se iba a los mensajes de whatsapp o a buscarme en redes sociales. “¿Dónde estás?” “Te llamé”... “¿Ya no me quieres contestar?”

Comenzaba a sentirme vigilada, tanto dentro como fuera de la casa o el trabajo. Hablé con él, le dije con firmeza que me gustaba su compañía pero que respetara mi individualidad. Que tenía hijos, madre, padre, amigas, primas, vecinas, compañeros y........

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