menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Arturo Ávila y Alessandra Rojo de la Vega

5 0
latest

Arturo Ávila se ha convertido en un personaje bastante conocido en la opinión pública. Está presente en prácticamente todas las mesas de opinión. Privado de todo carisma o simpatía, y con esa sonrisa burlona que le distingue, despotrica contra la oposición haciendo uso de todo de tipo de mentiras, medias verdades y frases manipuladoras. Su trabajo como vocero es vender a los más despistados las bendiciones que ha traído la falsa cuarta transformación. Entre sus víctimas favoritas se encuentra la alcaldesa Alessandra Rojo de la Vega.

Si bien Ávila buscaba inicialmente la candidatura de Morena al gobierno de Aguascalientes, ahora ha puesto la mirada en la alcaldía Cuauhtémoc. ¿Por qué ha cambiado de objetivo político? Nadie pondría en duda que la gobernatura de una entidad es un platillo más apetitoso que una alcaldía de la Ciudad de México. Sin embargo, se especula que haya renunciado a esa ambición por no convenir a los intereses inmediatos del oficialismo, y haya tenido que contentarse con Cuauhtémoc para 2027.

Ávila no es un gran defensor de la legalidad. Por el contrario, la desprecia. Se ha reportado la pinta de paredes en la delegación en disputa con su nombre, en un claro acto anticipado de campaña. El legislador lo ha negado.

Rojo de la Vega, por su parte, le ha respondido poniendo en evidencia la precampaña que ha iniciado. En respuesta, Ávila le ha recriminado que viola la ley local pues no reside –según el morenista- en la delegación Cuahtémoc, sino en un barrio lujoso de la Miguel Hidalgo.

El espectáculo mediático montado por Ávila contra la alcaldesa Rojo de la Vega es barato y cutre. Nada ajeno a Morena. Por un lado, el “cero votos” (como irónicamente le ha llamó el panista Damian Zepeda en un debate) está empecinado en destruir la reputación de una alcaldesa que goza de buena popularidad y que luce decidida en buscar la reelección en las elecciones locales del año que viene.

Y por el otro, Ávila está dispuesto a tomar acciones, y acto seguido, echarse para atrás, como lo hizo tras apoyar inicialmente a Adán Augusto López, y luego declararse “claudista” a raíz de los escándalos de corrupción y lazos con el crimen organizado que envuelven al senador. Es un político oportunista, hablador, manipulador y decidido a escalar en la clase política mexicana.

La alcaldesa Rojo de la Vega deberá resistir los embates de Ávila, pero a la vez, estará obligada a esclarecer la duda sobre su residencia, pues el hecho de ser objeto de una ilegalidad perpetrada desde el oficialismo no la exenta de acatar las normas que la obligan de cara a los residentes de la Cuauhtémoc.


© SDP Noticias