Suicidas de drones por jugar con videojuegos en la guerra real
La sociedad es un maravilloso mecanismo evolutivo para continuar existiendo. Se basa en una empatía muy básica lejana al romanticismo clásico de “ponerse en los zapatos del otro”. Consiste en la supervivencia de los semejantes, primero de la tribú-familia, luego de los cercanos y parecidos. Entre los parecidos, están los otros, aquellos que parecen similares a nosotros pero no tanto como para interesarnos genuinamente en que continúen existiendo. Luego los extraños, los extranjeros, esos que vienen de otras tierras o se ven o comportan de una manera tan diferente que no encajan dentro del concepto de pertenencia social que guardamos.
Frente a los mecanismos reptilianos para la supervivencia de la especie, las nuevas tecnologías en la guerra marcan un cambio sin precedentes. Por un lado, las guerras han cambiado y además de requerir militares en territorio, son necesarios operadores de drones capaces de construir estrategia letal, de atacar tras la observación. Al mismo tiempo, seguimos siendo humanos. Las pantallas ofrecen estímulos tan vividos que esa parte antigua del estímulo visual no tiene capacidad de distinguir lo verdadero de lo virtual, entonces los operadores de drones pueden familiarizarse con sus víctimas espiadas. Luego deben matarlos.
Los datos más recientes del Departamento de Asuntos de Veteranos (VA) muestran que en 2023 murieron por suicidio 6,398 veteranos, 44 menos que en 2022, lo que representa un 1.46% de todas las muertes de veteranos ese año. En términos diarios, el promedio fue de 17.5 suicidios de veteranos por día en 2023, de los cuales aproximadamente el 39% correspondía a........
