El Marco Rubio que no queremos
A estas alturas del paseo no queda claro si perdió la visión política, el contacto con la realidad o si ahora cree que María Corina Machado y sus millones de seguidores, que superan el 70 por ciento del país, así como los votantes hispanos de Estados Unidos, son unos pendejos que se tragarán sus cuentos chimbos.
Difícil reconocer en el nuevo Marco Rubio, que viene el 8 a Colombia, al senador combativo, admirable, luchador por la democracia en nuestra región, implacable denunciante de las tiranías de Cuba, Nicaragua y Venezuela.
¿En qué momento desechó su incansable labor de años y sus principios morales para abrazar el trumpismo más irracional, inmoral y desbocado?
Si en los meses transcurridos desde aquel esperanzador 3 de enero, cuando detuvieron al dictador y se lo llevaron a una prisión federal, el Banco Central de Venezuela continúa imprimiendo billetes que solo sirven para jugar Monopoly, ¿qué diablos hicieron con los 13.000 millones de dólares que ingresaron por el petróleo y que el Departamento de Estado custodiaba para evitar que se los robaran los chavistas de siempre?
Un terremoto, en las fauces del neoliberalismo
La muerte como trofeo
Gloria Steinem: lo bueno y lo malo
¿Y las otras víctimas?
Luis Guillermo Vélez Cabrera, escritor
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