menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Construyendo una paz total o una tensión revolucionaria permanente

13 0
15.03.2026

Estamos a pocos meses de terminar un gobierno muy cuestionado por sus ejecuciones políticas en la gobernanza del país, y aún no sabemos qué dirección tomará quien quede en la Casa de Nariño por los próximos cuatro años.

Estas votaciones legislativas o de consultas interpartidistas de marzo dejan claro un mensaje: el país se polarizó mucho más en estos cuatro años; tenemos una izquierda más extrema y una derecha batalladora para evitar su extinción.

Pero el presidente Petro aún no ha acabado su periodo, y es una persona, contrario a lo que muchos opinan, que sabe usar cada segundo de su mandato. Y lo dijo desde el primer momento de su gobierno: “vamos a deconstruir el país”, y así, paso a paso, lo ha venido haciendo en salud, pensiones, estructuras empresariales, aumento de la corrupción, caída de la inversión extranjera, aumento del trabajo informal, caída del comercio y de las exportaciones, pero, sobre todo, el aumento de la polarización política y social y el aumento de la inseguridad y de los grupos armados ilegales con tendencia narcotraficante o delincuencial y sus acciones contra el pueblo colombiano.

Para hablar de paz, tendremos que hablar de la guerra o de la violencia que azota un territorio y sus habitantes.

El absurdo de las candidaturas inviables

Las privatizaciones de Petro: pura plata, mucha plata

Sumar entre distintos

De la gran consulta a la concertación, un camino

Un leguleyo insoportable y cositero

¿La Paloma de Santos?

Project Hail Mary y el triunfo del ‘competency porn’

La primera profesional de la familia

¿Podríamos decir que en Colombia estamos construyendo paz total?

En Colombia, cada vez se escuchan más los discursos de odio, de resentimiento, envidias y de lucha de clases. Estamos rompiendo el tejido social, estamos construyendo guerra con cada una de nuestras acciones polarizantes en todos los segmentos y estructuras del país.

Si tomamos la teoría de la “tensión revolucionaria permanente” del filósofo italiano Antonio Negri, quien en resumen dice que el líder de opinión y de gobierno debe generar permanentemente en las bases una nueva tensión como distractor para apropiarse del llamado “poder popular” o “poder constituyente” y poder tomar decisiones muchas veces en contra de la misma Constitución o las leyes del país.

Esto va muy de la mano con la otra teoría, “de lo imposible hacerlo posible”, la “ventana de Overton”, teoría conspirativa de manipulación social para “legalizar cualquier cosa” siguiendo una serie de pasos con un manejo adecuado de los medios de comunicación con un mensaje político difuso. Es decir, lo impensable se transforma en ley.

Así, la construcción de paz se hace cada vez más compleja y alejada del anhelo nacional, mientras la guerra muta y se transforma en infinidad de conflictos armados y sociales entre filas o entre grupos armados, recurriendo a todos los hechos de guerra prohibidos por las normas internacionales y de la ética social y política.

¿Cuándo y cómo se construye la paz?

Es la tarea titánica del próximo gobierno, y así lo exigen los ciudadanos. Hay que analizar primero el porqué de la guerra y desde cuándo hay guerra, qué la ha motivado, pero sobre todo por qué persiste la guerra y cuáles han sido sus resultados. El conflicto armado en Colombia, ¿ha sido por la tenencia de la tierra? No. ¿Ha sido social? No. El CANI se ha desarrollado sobre una base ideológica y política para la toma del poder, pero necesitan antes deconstruir el país. En este contexto, la ética y la seguridad juegan un papel fundamental en el establecimiento de una paz duradera y en la reconstrucción del tejido social, asunto que no ha sido de la debida importancia para este gobierno.

Esta búsqueda de la paz se mantiene a través de los tiempos con muchas expectativas y esperanzas, pero a su vez produce muchas frustraciones, y lo ha sido por décadas y siglos, pues mantenemos todo tipo de violencia: la de las guerras civiles del siglo XIX, la violencia política bipartidista del principio del siglo XX y la violencia tripartita de la mitad del siglo XX, para conformarse a partir de 1944 en un conflicto armado no internacional (CANI) hasta la fecha.

Hay que mirar que desde 1820 hasta 1995 se han promulgado 70 indultos y 25 amnistías, con el fin de buscar la reconciliación y la paz entre los colombianos.

Ahora miremos los diálogos de la paz total: ¿preguntándonos para qué han servido los diálogos y procesos de paz con los grupos armados ilegales y otros grupos narcoterroristas?

Responsabilidad de los hechos según tipo de grupo armado

Procesos complejos y sin resultados. Generalmente, los procesos son motivados por agendas ocultas y por el aprovechamiento político y militar de las guerrillas mientras dialogan, por la falta de confianza entre las partes, por el recrudecimiento de la violencia, pero casi siempre ha sido la falta de voluntad de paz de los movilizados, bajo el síndrome “vivir por siempre en las trincheras”. Se desarman, pero su espíritu sigue y añora la guerra como una normalización en su forma de vida. Influye como factor determinante la debilidad de las instituciones armadas, de justicia y de aplicación de la ley. Y en muchos casos los delegados del Gobierno a estos diálogos son proclives o simpatizantes de esos mismos grupos.

La justicia para la paz, o justicia transicional, básicamente aparece cuando la justicia ordinaria no ha sido capaz de hacer justicia y la delincuencia y los delitos han sobrepasado sus capacidades y responsabilidades frente a la sociedad para impartir una justicia real, pronta y eficaz, balanceando cuánta justicia se cede y cuánta impunidad se otorga, y hasta dónde se puede llegar sin afectar a las víctimas y al Estado de derecho, siendo en la realidad las víctimas las que más salen afectadas y olvidadas por estos hechos. La justicia transicional debe ser de ejecución rápida y por tiempo limitado.

Hoy en día las amnistías no pueden ser tan amplias, y los delitos de lesa humanidad, así como los crímenes de guerra y genocidio, se deben investigar, juzgar y sancionar, so pena de que intervenga la Corte Penal Internacional.

Como conclusión, podemos afirmar que la paz total del Gobierno Petro no ha sido un fracaso, sino un paso muy grande en la deconstrucción del país para convertirnos en un Estado progre.


© Revista Semana