Construyendo una paz total o una tensión revolucionaria permanente
Estamos a pocos meses de terminar un gobierno muy cuestionado por sus ejecuciones políticas en la gobernanza del país, y aún no sabemos qué dirección tomará quien quede en la Casa de Nariño por los próximos cuatro años.
Estas votaciones legislativas o de consultas interpartidistas de marzo dejan claro un mensaje: el país se polarizó mucho más en estos cuatro años; tenemos una izquierda más extrema y una derecha batalladora para evitar su extinción.
Pero el presidente Petro aún no ha acabado su periodo, y es una persona, contrario a lo que muchos opinan, que sabe usar cada segundo de su mandato. Y lo dijo desde el primer momento de su gobierno: “vamos a deconstruir el país”, y así, paso a paso, lo ha venido haciendo en salud, pensiones, estructuras empresariales, aumento de la corrupción, caída de la inversión extranjera, aumento del trabajo informal, caída del comercio y de las exportaciones, pero, sobre todo, el aumento de la polarización política y social y el aumento de la inseguridad y de los grupos armados ilegales con tendencia narcotraficante o delincuencial y sus acciones contra el pueblo colombiano.
Para hablar de paz, tendremos que hablar de la guerra o de la violencia que azota un territorio y sus habitantes.
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