Votos y fusiles
Faltan pocos días para cumplir otra cita con la democracia colombiana. Tal vez la más trascendental de todas, pues en esta oportunidad, con la elección del nuevo presidente de la República, se juega el futuro político, económico y social de la nación. La amenaza de una asamblea nacional constituyente danza entre las tarimas de las plazas públicas, disfrazada como promesa de cambio. La sentencia de muerte de las cortes, las que fungen como represa constitucional para que el poder del Ejecutivo no se desborde, ya fue dada y eso solo nos llevará por el camino de la tiranía.
El escenario preelectoral actual se muestra incierto, caótico, mucho más de lo que se observó en el proceso de 2022. Para esta oportunidad, los grupos armados llevan cuatro años consolidando su control territorial en las áreas rurales de varios departamentos del país y en las ciudades —28 de las 32 ciudades capitales, según la Misión de Observación Electoral (MOE)— donde el llamado ‘estallido social’ fue fuerte; el trabajo de pedagogía política adelantado por el grupo de la primera línea ha dado vida a los colectivos, con los cuales se ejerce el control barrial, en un trabajo articulado con estructuras de las Farc y del ELN.
En los días previos a la primera vuelta presidencial del año 2022, la MOE registraba 375 municipios con altos niveles de riesgo y para las de este año, indica que son 386 municipios en 31 departamentos los que están en esa situación. Este panorama impone una restricción insalvable para que los candidatos adelanten cualquier actividad propia de sus campañas, pero, en contraste, los actores armados adelantan el trabajo político a favor del candidato del gobierno y, en ese orden de ideas, solo permiten que los........
